La segunda parte de Lazarillo de Tormes: Las aventuras marinas del famoso pícaro

La segunda parte de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, publicada en Amberes en 1555 por un autor anónimo, es una de las continuaciones literarias más extrañas, surrealistas y fascinantes de la literatura española. Alejándose del crudo realismo de la obra original, esta novela sumerge a nuestro querido pícaro en un mundo mágico de aventuras submarinas y sátira social.

Argumento de La segunda parte de Lazarillo de Tormes

Tras los eventos del primer libro, Lázaro decide embarcarse en la expedición de Carlos V contra Argel para probar fortuna y dejar atrás las burlas por la infidelidad de su esposa. Sin embargo, su barco naufraga trágicamente en medio de una violenta tormenta. Al estar a punto de ahogarse, Lázaro pide auxilio divino y, milagrosamente, se transforma en un pez, específicamente en un atún. Al adentrarse en las profundidades del océano, descubre que el fondo del mar alberga una sociedad monárquica igual de compleja, corrupta y belicosa que la de la superficie.

Utilizando todo el ingenio y las mañas que aprendió como pícaro en las calles de Toledo, Lázaro-atún logra ascender rápidamente en la jerarquía marina, convirtiéndose en el capitán general de los atunes. Lidera épicas batallas contra otras especies de peces y vive fabulosas aventuras cortesanas bajo el agua. Sin embargo, su fortuna cambia cuando es pescado y devuelto a su forma humana en España. Lázaro debe enfrentarse nuevamente a la realidad terrenal, descubriendo que, a veces, es más fácil gobernar sobre los monstruos del océano que sobrevivir entre los hombres de tierra firme.

Lectura:

La segunda parte de Lazarillo de Tormes

Anónimo

CAPÍTULO I: En que da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo en Toledo con unos tudescos, y lo que con ellos passava. En este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna, y como yo siempre anduviesse acompañado de una buena galleta de unos buenos frutos que en esta tierra se crían, para muestra de lo que pregonaba, cobré tantos amigos y señores, assí naturales como estranjeros, que do quiera que llegaba no había para mí puerta cerrada; y en tanta manera me vi favorescido, que me parece, si entonces matara un hombre, o me acaeciera algún caso recio, hallara a todo el mundo de mi bando y tuviera en aquellos mis señores todo favor y socorro. Mas yo nunca los dexaba boquisecos, queriéndolos llevar comigo a lo mejor que yo había echado en la ciudad, a do hacíamos la buena y espléndida vida y xira; allí nos aconteció muchas veces entrar en nuestros pies y salir en ajenos. Y lo mejor desto es que todo este tiempo, maldita la blanca Lázaro de Tormes gastó, ni se la consentían gastar; antes, si alguna vez yo de industria echaba mano a la bolsa fingiendo quererlo pagar, tomábanlo por afrenta y mirábanme con alguna ira y decían: —Nite, nite, Asticot, lanz— reprehendiéndome diciendo que do ellos estaban nadie había de pagar blanca. Yo con aquello moríame de amores de tal gente, porque no sólo esto, mas de perniles de tocino, pedaços de piernas de carnero cocidas en aquellos cordiales vinos con mucha de la fina especia, y de sobras de cecinas y de pan me henchían la falda y los senos cada vez que nos juntábamos, que tenía en mi casa de comer yo y mi mujer hasta hartar una semana entera. Acordábame en estas harturas de las mis hambres passadas, y alababa al Señor, y dábale gracias que assí andan las cosas y tiempos. Mas como dice el refrán: «Quien bien te hará, o se te irá o se morirá». Assí me acaeció, que se mudó la gran corte, como hacer suele. Y al partir fui muy requerido de aquellos mis grandes amigos me fuesse con ellos, y que me harían y acontecerían. Mas acordándome del proverbio que se dice: «Más vale el mal conocido, que el bien por conocer», agradeciéndoles su buena voluntad, con muchos abraços y tristeza me despedí dellos. Y cierto, si casado no fuera, no dexara su compañía por ser gente hecha muy a mi gusto y condición. Y es vida graciosa la que viven, no fantástigos, ni presumptuosos; sin escrúpulo ni asco de entrarse en cualquier bodegón, la gorra quitada si el vino lo merece: gente llana y honrada, y tal y tan bien proveída, que no me la depare Dios peor cuando buena sed tuviere. Mas el amor de la mujer y de la patria que ya por mía tengo, pues como dicen: «¿De dó eres, hombre?», tiraron por mí; y assí me quedé en esta ciudad, aunque muy conocido de los moradores della, con mucha soledad de los amigos y vida cortesana. ...

Moraleja de La segunda parte de Lazarillo de Tormes

La moraleja subyacente en esta fantástica continuación es un poderoso testimonio sobre la resiliencia y la capacidad de adaptación. El autor nos demuestra, a través de la metáfora animal, que la verdadera astucia y la inteligencia de un individuo no dependen de su forma ni de su entorno; aquel que aprende a sobrevivir a los golpes en la calle, sabrá liderar incluso en las profundidades del mar. La reflexión cautivadora de la novela radica en que la sociedad humana es tan depredadora como el fondo del océano (el pez grande siempre intenta comerse al chico), y solo la sagacidad nos permite transformar las desventajas y naufragios en inesperadas victorias.

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Frases de La segunda parte de Lazarillo de Tormes

  • Siendo hombre conocí la miseria, pero siendo pez aprendí que el mundo entero es un mar donde siempre hay alguien con dientes más afilados.
  • El hábito de sobrevivir es una escuela que nunca se olvida, ya se camine sobre la tierra o se nade bajo las olas.
  • En el palacio del rey de los atunes vi las mismas intrigas que en las cortes de Castilla; la ambición no tiene especie.
  • Cuando la vida te despoja de tu humanidad, no queda más remedio que abrazar tus escamas y nadar con orgullo.
  • El mar purificó mi cuerpo de las culpas del pasado, pero no logró borrar de mi mente la aguda astucia del pícaro.
  • La mayor tragedia del que ha ascendido alto, sea general o rey, es que tarde o temprano terminará atrapado en la red de la muerte.
  • Volví a caminar sobre mis dos piernas, descubriendo que echaba de menos el océano, pues allí la hipocresía no vestía ropas caras.

Curiosidades de La segunda parte de Lazarillo de Tormes

Esta obra fue publicada en Amberes en 1555 sin el nombre del autor, apenas un año después de la aparición del Lazarillo original, para capitalizar el inmenso éxito de ventas que había tenido la novela en toda Europa.

El drástico y fantástico giro hacia la metamorfosis en atún rompió el realismo de la picaresca original, acercándola más a las alegorías morales medievales y a los cuentos de transformaciones mágicas tipo Ovidio o Apuleyo.

A lo largo de los siglos, a pesar de ser anónima, se atribuyó erróneamente en varias ocasiones a autores como Juan de Luna, quien en realidad escribiría una "Segunda parte" mucho más realista y vengativa en París en 1620.

Sobre el autor de La segunda parte de Lazarillo de Tormes

El autor de esta "Segunda parte" de 1555 permanece en el más absoluto misterio, al igual que el creador de la obra original de 1554. Muchos eruditos sugieren que pudo ser un exiliado español o un pensador erasmista asentado en Flandes (Amberes). La decisión de mantener el anonimato probablemente se debió al temor a la Inquisición, ya que la obra, a pesar de su tono fantástico y submarino, está repleta de sátiras eclesiásticas y mordaces críticas al gobierno imperial y a las jerarquías sociales de la España de Carlos V.

Donde el pícaro sobrevive, incluso nadando contra la corriente del océano

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