La tortuga gigante de Horacio Quiroga: Una asombrosa historia de lealtad y supervivencia

La tortuga gigante de Horacio Quiroga se posiciona como uno de los relatos más entrañables y poderosos de la literatura latinoamericana. A través de una narrativa cruda pero llena de ternura, Quiroga nos transporta a una selva donde la supervivencia no solo depende de la fuerza física, sino de la capacidad de reconocer y honrar la vida ajena, creando un vínculo que trasciende el instinto animal.

Argumento de La tortuga gigante

La trama sigue a un hombre que, aquejado por una grave enfermedad en la ruidosa Buenos Aires, decide refugiarse en la selva por consejo médico para recuperar sus fuerzas. Convertido en cazador para subsistir, se topa con un tigre a punto de devorar a una tortuga de dimensiones colosales. Tras abatir al depredador, el hombre elige salvar a la tortuga y curar sus heridas en lugar de alimentarse de ella. La historia da un giro dramático cuando el cazador enferma fatalmente y se encuentra solo en el corazón del monte. Es entonces cuando la tortuga, movida por un sentido de gratitud inquebrantable, carga al hombre sobre su pesado caparazón y emprende una travesía imposible de trescientas leguas bajo el sol abrasador y tormentas implacables, decidida a llevarlo de vuelta a la ciudad antes de que su vida se apague.

Audiolibro La tortuga gigante

Lectura:

Este relato pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.

La tortuga gigante

Horacio Quiroga

Había una vez un hombre que vivía en Buenos Aires y estaba muy contento porque era un hombre sano y trabajador. Pero un día se enfermó, y los médicos le dijeron que solamente yéndose al campo podría curarse. Él no quería ir porque tenía hermanos chicos a quienes daba de comer; y se enfermaba cada día más. Hasta que un amigo suyo, que era director del Zoológico, le dijo un día: —Usted es amigo mío, y es un hombre bueno y trabajador. Por eso quiero que se vaya a vivir al monte, a hacer mucho ejercicio al aire libre para curarse. Y como usted tiene mucha puntería con la escopeta, cace bichos del monte para traerme los cueros, y yo le daré plata adelantada para que sus hermanitos puedan comer bien. El hombre enfermo aceptó, y se fue a vivir al monte, lejos, más lejos que Misiones todavía. Hacía allá mucho calor, y eso le hacía bien. Vivía solo en el bosque, y él mismo se cocinaba. Comía pájaros y bichos del monte, que cazaba con la escopeta, y después comía frutas. Dormía bajo los árboles, y cuando hacía mal tiempo construía en cinco minutos una ramada con hojas de palmera, y allí pasaba sentado y fumando, muy contento en medio del bosque que bramaba con el viento y la lluvia. Había hecho un atado con los cueros de los animales, y los llevaba al hombro. Había también agarrado, vivas, muchas víboras venenosas, y las llevaba dentro de un gran mate, porque allá hay mates tan grandes como una lata de querosene. El hombre tenía otra vez buen color, estaba fuerte y tenía apetito. Precisamente un día en que tenía mucha hambre, porque hacía dos días que no cazaba nada, vio a la orilla de una gran laguna un tigre enorme que quería comer una tortuga, y la ponía parada de canto para meter dentro una pata y sacar la carne con las uñas. Al ver al hombre el tigre lanzó un rugido espantoso y se lanzó de un salto sobre él. Pero el cazador que tenía una gran puntería le apuntó entre los dos ojos, y le rompió la cabeza. Después le sacó el cuero, tan grande que él solo podría servir de alfombra para un cuarto. ...

Moraleja de La tortuga gigante

La moraleja de "La tortuga gigante" nos enseña que el eco de nuestras acciones es infinito: un gesto de piedad en un momento de hambre puede convertirse en la balsa que nos salve del naufragio más profundo. Quiroga nos recuerda que la gratitud no es solo un sentimiento humano, sino una fuerza universal que nos obliga a devolver el bien recibido, incluso cuando parece que ya no nos quedan fuerzas. La reflexión cautivadora es que, en el ciclo de la vida, aquel que hoy parece débil e insignificante puede ser el único capaz de cargarnos sobre sus hombros cuando el mundo entero nos haya dejado atrás.

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Frases de La tortuga gigante

  • El hombre no me comió la otra vez, aunque tenía mucha hambre, y me curó. Yo lo voy a curar a él ahora.
  • Si queda aquí en el monte se va a morir, porque no hay remedios, y tengo que llevarlo a Buenos Aires.
  • Cada vez estaban más cerca de Buenos Aires, pero también cada día la tortuga se iba debilitando.
  • ¡Ah, zonza, zonza! [...] ¡Nunca vi una tortuga más zonza! ¡Si ya has llegado a Buenos Aires!
  • Estoy solo en el bosque, la fiebre va a volver de nuevo, y voy a morir aquí.
  • Ya no tenía fuerzas para seguir, y se sentía como si fuera a morir allí mismo.
  • La tortuga se puso a caminar, y caminó y caminó mucho tiempo, leguas y leguas.

Curiosidades de La tortuga gigante

"La tortuga gigante" fue publicado por primera vez en 1916 y luego formó parte de la célebre antología "Cuentos de la selva" en 1918.

Se dice que Horacio Quiroga escribió estos cuentos originalmente para sus propios hijos, buscando educarlos sobre la naturaleza y la lealtad a través de fábulas modernas.

Sobre el autor de La tortuga gigante

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Horacio Quiroga (1878-1937) fue un gigante del cuento latinoamericano cuya vida, marcada por la tragedia y el aislamiento en la selva de Misiones, impregnó su obra de un naturalismo intenso y a veces oscuro. Maestro del suspense y la brevedad, logró capturar la lucha eterna del hombre contra una naturaleza omnipotente, dejando un legado indispensable que fusiona la realidad más cruda con la fantasía selvática.

La gratitud es el recuerdo del corazón

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