Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre

Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre de Horacio Quiroga nos sumerge en un mundo selvático rebosante de vida, peligros y enseñanzas. El magistral cuentista uruguayo, con su profunda sensibilidad naturalista, nos regala en esta obra un cálido y conmovedor relato en el que la inocencia desdibuja las fronteras trazadas por las distintas especies. Un texto cautivador donde las leyes del monte se entrelazan con la ternura incondicional.

Argumento de la Historia

El relato sigue a una cuidadosa madre coatí que se esmera en enseñar a sus crías a subsistir y a mantenerse alejadas de los formidables peligros de la selva, especialmente prevenidos contra el hombre y sus perros. Sin embargo, su esfuerzo halla una excepción en el menor de sus hijos. Un día, dejándose llevar por un hambre voraz y una imprudente curiosidad, el pequeño coatí se aventura hacia el campo de cultivo de los humanos, donde cae indefenso en una trampa.

Lo que en un primer momento prometía ser un final funesto se transforma en una cálida amistad cuando dos niños —los cachorros de hombre— descubren al animal y lo adoptan como su preciada mascota. Pese a que su madre y hermanos van al rescate, el joven coatí relata la comodidad y cariño que recibe, optando por quedarse. El cuento adquiere tintes trágicos cuando el coatí muere por la picadura fortuita de una serpiente venenosa; en medio de la desolación de los niños humanos, uno de los hermanos coatíes decide tomar voluntariamente su lugar en la jaula para evitar el sufrimiento de sus nuevos amigos, encarnando así el más puro acto de empatía entre las especies.

Lectura:

Este relato pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.

Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre

Horacio Quiroga

Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se tiraban al suelo de cabeza y salían corriendo con la cola levantada. Una vez que los coaticitos fueron un poco grandes, su madre los reunió un día arriba de un naranjo y les habló así: —Coaticitos: ustedes son bastante grandes para buscarse la comida solos. Deben aprenderlo, porque cuando sean viejos andarán siempre solos, como todos los coatís. El mayor de ustedes, que es muy amigo de cazar cascarudos, puede encontrarlos entre los palos podridos, porque allí hay muchos cascarudos y cucarachas. El segundo, que es gran comedor de frutas, puede encontrarlas en este naranjal; hasta diciembre habrá naranjas. El tercero, que no quiere comer sino huevos de pájaros, puede ir a todas partes, porque en todas partes hay nidos de pájaros. Pero que no vaya nunca a buscar nidos al campo, porque es peligroso. »Coaticitos: hay una sola cosa a la cual deben tener gran miedo. Son los perros. Yo peleé una vez con ellos, y sé lo que les digo; por eso tengo un diente roto. Detrás de los perros vienen siempre los hombres con un gran ruido, que mata. Cuando oigan cerca este ruido, tírense de cabeza al suelo, por alto que sea el árbol. — Si no lo hacen así los matarán con seguridad de un tiro. Así habló la madre. Todos se bajaron entonces y se separaron, caminando de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, como si hubieran perdido algo, porque así caminan los coatís. El mayor, que quería comer cascarudos, buscó entre los palos podridos y las hojas de los yuyos, y encontró tantos, que comió hasta quedarse dormido. El segundo, que prefería las frutas a cualquier cosa, comió cuantas naranjas quiso, porque aquel naranjal estaba dentro del monte, como pasa en el Paraguay y Misiones, y ningún hombre vino a incomodarlo. El tercero, que era loco por los huevos de pájaros, tuvo que andar todo el día para encontrar únicamente dos nidos; uno de tucán que tenía tres huevos, y uno de tórtola, que tenía sólo dos. Total, cinco huevos chiquitos, que era muy poca comida; de modo que al caer la tarde el coaticito tenía tanta hambre como de mañana, y se sentó muy triste a la orilla del monte. Desde allí veía el campo, y pensó en la recomendación de su madre. ...

Reflexión

La enseñanza más profunda de este relato radica en mostrarnos que los afectos más puros florecen a partir de la empatía, franqueando todas las barreras. Los niños aman incondicionalmente a la cría de la selva y la familia coatí comprende a su vez el inconmensurable respeto que envuelve tan noble vínculo. La solidaridad del hermano que decide reemplazar al pequeño fallecido manifiesta un sacrificio extraordinario por preservar la ilusión ajena; dejándonos un precioso mensaje de compasión mutua y de cuidado frente a la vulnerabilidad de las especies que nos rodean.

Descargar Pdf



Frases de Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre

  • Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos.
  • Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se tiraban al suelo de cabeza y salían corriendo con la cola levantada.
  • La madre les había enseñado minuciosamente todos los peligros que existían en el entorno de la selva.
  • El coatí menor, empujado por el abrumador hambre y una ciega curiosidad, desobedeció acercándose a la casa.
  • Pero los cachorros del hombre, que eran inmensamente curiosos, se encariñaron al instante con el nuevo visitante.
  • La familia de coatíes alcanzó a comprender todo el amor genuino que aquellos pequeños sentían por la cría.
  • Y así continuaron la curiosa amistad, encontrando la armonía entre el misterio oscuro de la selva y la inocencia viva de los niños humanos.

Curiosidades de Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre

El relato es una de las icónicas fábulas que componen la famosa obra "Cuentos de la selva" (1918). Un dato entrañable es que Horacio Quiroga escribió estos relatos inspirado en la exuberancia de la selva de Misiones y motivado expresamente para narrarlos a sus propios hijos.

Pese a tener características fabulísticas y animales personificados, el texto no pierde el enfoque auténtico y naturalista de Quiroga: en la trama reluce tanto la compasión, como la omnipresencia de un entorno indomable donde conviven la vida humana, los animales y el asedio constante de la muerte.

Sobre Horacio Quiroga

...

Horacio Quiroga fue un brillante cuentista, y poeta uruguayo, considerado por muchos como el indiscutible maestro del cuento latinoamericano de corte trágico y naturalista.

Entonces se tiraban de cabeza

Si la información del post es incorrecta, por favor, repórtelo:

Nota: No te pierdas los próximos posts siguiendo el blog:


...
El espectro

¡Explorar!
...
El almohadón

¡Explorar!
...
El loro...

¡Explorar!

Comentarios

👇 ¡Deja tu comentario! ✍️