El loro pelado: La venganza astuta de Pedrito en la selva de Quiroga

Sumérgete en uno de los cuentos más divertidos y astutos de Horacio Quiroga, parte de su célebre colección "Cuentos de la selva". "El loro pelado" nos trae la historia de Pedrito, un loro parlanchín que aprende a convivir con los humanos y descubre que en la selva la confianza puede costar muy caro... pero la inteligencia siempre encuentra revancha.

Argumento de El loro pelado

En las cercanías del río Paraná, una bandada de loros asalta chacras para picotear choclos y naranjas, siempre con un centinela alerta. Un día, un peón derriba de un tiro al loro vigilante, que cae herido con el ala rota. Llevado a la casa del patrón, los niños lo curan y lo bautizan Pedrito. El loro se domestica rápidamente: aprende a dar la pata, se posa en hombros y repite frases humanas mientras disfruta de su té con leche mojado en pan. Un día soleado, Pedrito sale a explorar y se topa con un tigre que, fingiendo sordera y amabilidad, lo invita a acercarse para atacarlo y desplumarlo por completo, dejándolo desnudo y humillado. Pedrito regresa avergonzado, se esconde y espera a que le crezcan nuevas plumas. Ya recuperado, cuenta su aventura al cazador de la casa, quien decide ayudarlo. Juntos van tras el tigre; Pedrito lo atrae con la misma invitación engañosa y, cuando el felino intenta atraparlo de nuevo, el cazador lo elimina. El tigre termina convertido en alfombra del comedor, y Pedrito, cada tarde, le pregunta burlón a la piel: "¿Querés té con leche?", haciendo reír a toda la familia.

Lectura:

Este relato pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.

El loro pelado

Horacio Quiroga

Había una vez una banda de loros que vivía en el monte. De mañana temprano iban a comer choclos a la chacra, y de tarde comían naranjas. Hacían gran barullo con sus gritos, y tenían siempre un loro de centinela en los árboles más altos, para ver si venía alguien. Los loros son tan dañinos como la langosta, porque abren los choclos para picotearlos, los cuales, después, se pudren con la lluvia. Y como al mismo tiempo los loros son ricos para comer guisados, los peones los cazaban a tiros. Un día un hombre bajó de un tiro a un loro centinela, el que cayó herido y peleó un buen rato antes de dejarse agarrar. El peón lo llevó a la casa, para los hijos del patrón; los chicos lo curaron porque no tenía más que un ala rota. El loro se curó muy bien, y se amansó completamente. Se llamaba Pedrito. Aprendió a dar la pata; le gustaba estar en el hombro de las personas y con el pico les hacía cosquillas en la oreja. ...

Reflexión sobre El loro pelado

En la selva de Quiroga, la ingenuidad puede desnudarnos ante el peligro, pero la resiliencia y una pizca de astucia transforman la humillación en victoria. Pedrito nos recuerda que quien sobrevive al engaño no solo recupera sus plumas: también aprende a usar la propia trampa del enemigo como arma de revancha, convirtiendo el miedo en una risa que resuena eternamente.

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Frases de El loro pelado

  • —¡Rica papa! ¡Papa para Pedrito!
  • —¡Acer-cá-te más! ¡Soy sor-do!
  • —¡Rico, pan con leche!
  • —¿Querés té con leche? —le preguntaba Pedrito a la piel del tigre todos los días.
  • El loro se curó muy bien, y se amansó completamente.
  • Le gustaba estar en el hombro de las personas y con el pico les hacía cosquillas en la oreja.
  • ¡El loro más feo del monte!

Curiosidades de El loro pelado

Este cuento forma parte de "Cuentos de la selva" (1918), una colección pensada para niños pero con la profundidad característica de Quiroga, que mezcla humor, aventura y toques de crudeza natural.

Pedrito se inspira en loros reales de la región misionera-paranaense, donde Quiroga vivió, y refleja su fascinación por cómo los animales imitan al hombre... y a veces lo superan en astucia.

La frase repetida del loro ("¿Querés té con leche?") se ha convertido en un clásico de la literatura infantil latinoamericana, símbolo de venganza dulce y burlona.

Sobre el autor de El loro pelado

Horacio Quiroga (1878-1937), maestro uruguayo del cuento, vivió gran parte de su vida en la selva misionera argentina, lo que impregnó su obra de realismo salvaje y observación precisa de la naturaleza y los animales. En "Cuentos de la selva" adapta su estilo intenso a relatos accesibles para niños, sin perder la intensidad emocional que lo caracteriza.

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