Robinson Crusoe de Daniel Defoe: El triunfo del hombre solitario contra la naturaleza

Robinson Crusoe de Daniel Defoe es, indiscutiblemente, la piedra angular del género de supervivencia y una de las novelas de aventuras más leídas y veneradas de todos los tiempos. Con un realismo literario asombroso, el autor nos regala un inigualable viaje existencial que explora la resistencia humana, el aislamiento extremo y la férrea voluntad de dominar un entorno salvaje a través del trabajo y el ingenio.

Argumento de Robinson Crusoe

El joven, tozudo y aventurero Robinson Crusoe, desoyendo por completo las severas y prudentes advertencias de su anciano padre, abandona la comodidad de la burguesía inglesa para buscar riquezas y emociones en el ancho mar. Tras sufrir una larga serie de terribles desventuras que incluyen el cautiverio como esclavo en África y tormentas atroces, su destino se sella trágicamente de forma definitiva cuando su barco se hace pedazos contra unos arrecifes. Crusoe emerge de las aguas como el único superviviente de toda la tripulación, viéndose arrojado a las playas de una isla remota y totalmente deshabitada, cercana a la desembocadura del río Orinoco.

Condenado a vivir aislado del resto de la humanidad durante veintiocho largos años, Crusoe sufre una profunda metamorfosis espiritual y práctica. Rescatando herramientas del barco hundido, aprende pacientemente a fabricar sus propios utensilios, a cultivar trigo, a domesticar cabras y a construir una fortaleza inexpugnable. Su monótona y pacífica soledad salta repentinamente por los aires el día en que descubre una misteriosa huella humana desnuda grabada en la arena de su playa. Este escalofriante hallazgo lo obliga a atrincherarse y, eventualmente, a enfrentarse a brutales tribus de caníbales. En uno de estos encuentros salva la vida de un prisionero nativo a quien nombra cariñosamente "Viernes", forjando una alianza invencible que, tras innumerables y épicos combates, le permitirá finalmente rescatar su billete de vuelta a la civilización y a la libertad.

Lectura:

Este relato pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.

Robinson Crusoe

Daniel Defoe

Nací en 1632, en la ciudad de York, de una buena familia, aunque no de la región, pues mi padre era un extranjero de Brema que, inicialmente, se asentó en Hull. Allí consiguió hacerse con una considerable fortuna como comerciante y, más tarde, abandonó sus negocios y se fue a vivir a York, donde se casó con mi madre, que pertenecía a la familia Robinson, una de las buenas familias del condado de la cual obtuve mi nombre, Robinson Kreutznaer. Mas, por la habitual alteración de las palabras que se hace en Inglaterra, ahora nos llaman y nosotros también nos llamamos y escribimos nuestro nombre Crusoe; y así me han llamado siempre mis compañeros. Tenía dos hermanos mayores, uno de ellos fue coronel de un regimiento de infantería inglesa en Flandes, que antes había estado bajo el mando del célebre coronel Lockhart, y murió en la batalla de Dunkerque contra los españoles. Lo que fue de mi segundo hermano, nunca lo he sabido, al igual que mi padre y mi madre tampoco supieron lo que fue de mí. Como yo era el tercer hijo de la familia y no me había educado en ningún oficio, desde muy pequeño me pasaba la vida divagando. Mi padre, que era ya muy anciano, me había dado una buena educación, tan buena como puede ser la educación en casa y en las escuelas rurales gratuitas, y su intención era que estudiara leyes. Pero a mí nada me entusiasmaba tanto como el mar y, dominado por este deseo, me negaba a acatar la voluntad, las órdenes, más bien, de mi padre y a escuchar las súplicas y ruegos de mi madre y mis amigos. Parecía que hubiese algo de fatalidad en aquella propensión natural que me encaminaba a la vida de sufrimientos y miserias que habría de llevar. Mi padre, un hombre prudente y discreto, me dio sabios y excelentes consejos para disuadirme de llevar a cabo lo que, adivinaba, era mi proyecto. Una mañana me llamó a su recámara, donde le confinaba la gota, y me instó amorosamente, aunque con vehemencia, a abandonar esta idea. Me preguntó qué razones podía tener, aparte de una mera vocación de vagabundo, para abandonar la casa paterna y mi país natal, donde sería bien acogido y podría, con dedicación e industria, hacerme con una buena fortuna y vivir una vida cómoda y placentera. Me dijo que solo los hombres desesperados, por un lado, o extremadamente ambiciosos, por otro, se iban al extranjero en busca de aventuras, para mejorar su estado mediante empresas elevadas o hacerse famosos realizando obras que se salían del camino habitual; que yo estaba muy por encima o por debajo de esas cosas; que mi estado era el estado medio, o lo que se podría llamar el nivel más alto de los niveles bajos, que, según su propia experiencia, era el mejor estado del mundo y el más apto para la felicidad, porque no estaba expuesto a las miserias, privaciones, trabajos ni sufrimientos del sector más vulgar de la humanidad; ni a la vergüenza, el orgullo, el lujo, la ambición ni la envidia de los que pertenecían al sector más alto. ...

Moraleja de Robinson Crusoe

La moraleja inquebrantable de "Robinson Crusoe" exalta la inmensa capacidad de superación, fe y resiliencia del ser humano ante la peor de las adversidades imaginables. Defoe nos enseña que el verdadero terror paralizante no es la naturaleza salvaje o la carencia de lujos materiales, sino rendirse cobardemente al pánico y a la desesperanza de la mente. La reflexión cautivadora de esta colosal epopeya es que, incluso cuando la vida nos ha arrebatado absolutamente todo y nos ha condenado a la más profunda soledad, el trabajo constante, la paciencia, la gratitud por seguir respirando y la fe interior tienen el poder casi milagroso de transformar la peor de nuestras prisiones en un próspero hogar de redención.

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Frases de Robinson Crusoe

  • El miedo al peligro resulta invariablemente cien veces más espantoso e insoportable que el propio peligro en sí mismo.
  • Nadie conoce el verdadero peso de la soledad hasta que descubre, temblando de terror, la huella de otro ser humano en la arena de su cárcel dorada.
  • Nunca deberíamos despreciar nuestras modestas bendiciones, pues el mar embravecido puede enseñarnos a valorarlas perdiéndolo todo en un solo instante.
  • La necesidad desesperada me enseñó que las manos del hombre son capaces de construir milagros, siempre y cuando su alma se niegue a rendirse.
  • Fui coronado como el rey absoluto y soberano de aquella isla remota, descubriendo que la corona más pesada de la existencia es estar absolutamente solo.
  • Aprendí a mirar las desgracias como maestras disfrazadas; pues donde la vida me quitó a los hombres, Dios me otorgó la inmensa paz de encontrarme a mí mismo.
  • Toda nuestra desdicha nace fundamentalmente de no saber permanecer tranquilos y satisfechos en la posición en la que la providencia nos ha colocado.

Curiosidades de Robinson Crusoe

Daniel Defoe se inspiró directamente en un caso histórico totalmente real: el del marinero escocés Alexander Selkirk, quien sobrevivió más de cuatro años de absoluta soledad en una isla desierta del archipiélago de Juan Fernández (frente a las costas de Chile).

Publicada en el año 1719, la obra es unánimemente considerada por críticos e historiadores literarios como la primera gran novela "realista" de ficción de la literatura inglesa moderna.

El título original de la novela en su primera edición inglesa era un párrafo gigantesco y ridículamente largo que contenía más de 65 palabras resumiendo las trágicas y maravillosas aventuras del marinero de York.

Sobre el autor de Robinson Crusoe

Daniel Defoe (c. 1660-1731) fue un fascinante novelista, comerciante, panfletista, periodista e incluso espía al servicio del gobierno británico. Con una vida sumamente turbulenta (pasó por la bancarrota varias veces y fue encarcelado en la infame prisión de Newgate por motivos políticos y de deudas), forjó una pluma inigualable y un crudo y detallado realismo descriptivo que revolucionó la forma de escribir en la Inglaterra de su tiempo. Es aclamado mundialmente como uno de los verdaderos y absolutos padres fundadores de la novela moderna inglesa, gracias a obras inmortales y pioneras como Robinson Crusoe, Moll Flanders y el escalofriante Diario del año de la peste.

Donde el infierno del aislamiento se convierte en la mayor obra de arte de la voluntad

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