La cueva de Salamanca de Ruiz de Alarcón: La mágica farsa del honor y el engaño
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La cueva de Salamanca es una deslumbrante y divertidísima comedia del Siglo de Oro español, surgida de la pluma del maestro novohispano Juan Ruiz de Alarcón. Mezclando la leyenda popular sobre la magia negra con la astucia humana, la obra es un brillante engranaje teatral donde el amor, los celos y la credulidad chocan en un torneo de picaresca inolvidable.
Argumento de La cueva de Salamanca
El centro del conflicto es el clásico triángulo amoroso y de conveniencia: Don Diego, un caballero joven, apuesto pero pobre, está profundamente enamorado de Doña Clara. Sin embargo, ella es vigilada muy de cerca por su padre, quien pretende casarla por pura ambición económica con un viejo y ridículo ricachón llamado Don García. El drama parece un callejón sin salida para los jóvenes amantes hasta que aparece en escena Enrico, un estudiante universitario, extremadamente astuto y pícaro, proveniente de la legendaria ciudad de Salamanca (famosa en la época por la creencia de que en sus cuevas secretas se enseñaba nigromancia y hechicería oscura).
Utilizando la tonta y ciega superstición de Don García a su favor, el estudiante Enrico elabora un grandioso plan. Finge ser un poderoso hechicero recién salido de la "Cueva de Salamanca" y orquesta una aparatosa y cómica falsa invocación demoníaca. Convence al cobarde y codicioso anciano de que ha sido hechizado y lo envuelve en una serie de miedos y visiones ridículas. La farsa mágica sirve como una perfecta cortina de humo para que Don Diego y Doña Clara puedan encontrarse, desenmascarar las mentiras del viejo pretendiente y finalmente sellar su amor, demostrando que en el laberinto de la vida, la inteligencia siempre derrota a la superstición y al oro.
Lectura:
Esta obra pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y dramáticos.
La cueva de Salamanca
Juan Ruiz de Alarcón
Acto primero
Salen don Diego, de estudiante, y don Iuan, de noche.
D. Don Iuan, yo os prometo a Dios, que me teneis enfadado, que despues que sois casado no se puede andar con vos. Si ver mugeres ordeno, ninguna tiene buen talle, si andar denoche en la calle, os haze mal el sereno. Si al rio quiero salir, la humedad es mal segura: si traço vna trauesura, mirais a lo por venir. Si colerico me veis, entra luego el predicar, y al fin, si riño, en lugar de ayudarme, me teneis. Pese a tal, don Iuan, con vos, hazed tal vez lo que quiero, o buscad vn compañero hermano de Iuan de Dios.
I. Ello està muy bien reñido, mas poca razon teneis, pues, cuando soltero, veis que nadie mas loco ha sido. Que trauessura intentastes, en que yo quedasse atras? en que pendencia jamas a esse lado no me hallastes? Que calle no passeè? que noche fria dormi? que muger con vos no vi? o que espaldas no os guardè? Mas ya no es tiempo de andar, don Diego, sin mucho tiento, que es vn yugo el casamiento, que al mas brauo haze amansar. Esto por vos no ha passado, y medis, sin diferencia, de vn soltero la licencia, y obligacion de vn casado.
Die. Pues si estais tan conuertido, no salgais denoche vn punto.
I. No se oluida todo junto: el ser moço no he perdido.
D. Pues por vida de los dos, que al gusto esta noche demos.
I. Por vos he de hazer estremos, basta al fin quererlo vos.
D. Quien es este?
I. Don Garcia.
D. No tengo vista.
I. Esso es bueno: quien no la pierde al sereno?
D. Predicaisme toda via?
Don Garcia.
G. Quien và allà?
Sale don Garcia denoche.
D. Amigo.
G. Don Diego hermano, que hazeis?
D. Passear en vano, que donde don Iuan està no ay tratar de trauessura.
G. En santulon aueis dado?
I. Don Diego ha dado en pesado, y la paciencia me apura. Dezidme, si puedo hazer mas, que prometer seguiros?
D. Que lagrimas, que suspiros os costò esse prometer?
G. Como, alegrarnos tracemos, o voyme.
I. No os vais, Garcia, que yo en todo, y hasta el dia quiero seguiros.
G. Que haremos?
D. Vamos a ver a Iuanilla.
I. A Iuanilla? hermosa pieça, mal està con su cabeça quien busca vna tarauilla.
D. Tan presto, don Iuan, quebrais la palabra que aueis dado?
I. Digo, que errè, y que callado irè donde vos querais.
D. Mariquilla la bocona, no direis, que es bachìllera.
I. No es mala, sino pidiera: mas viue la socarrona vieja?
...
D. Que vieja?
I. La madre.
D. Si.
I. Pues yo no he de ir allà.
D. No digo yo! no hallarà vna almena que le quadre.
I. Dezildo vos, don Garcia, que a vuestro voto me ajusto.
G. Si he de declarar mi gusto, gastar la noche querria en cosa de mas cuidado.
D. Declaralda, que aqui estamos.
G. De que a la justicia hagamos vna burla, estoy tentado.
I. Guarda.
D. Hagamos.
I. Esso no.
D. Dos le hemos de hazer, por Dios.
I. Digo, que se le hagan dos, mas no he de ayudaros yo.
D. Necio estais.
I. Y vos sin sesso: para que es bueno arresgarnos quando podemos holgarnos, sin temer vn mal sucesso?
G. En la burla que imagino ningun peligro ha de auer. Dezid, que tal puede ser, que siga vuestro camino?
G. Ella al fin ha de ser tal, que el Alguazil, y su gente queden sin muela, ni diente, y se hagan ellos el mal.
D. Buena, por Dios.
G. Vn cordel es menester.
D. Que tan largo?
G. De seis braças.
D. Del me encargo, a esta tienda voy por el.
Vase.
I. Ho, para estas trauessuras que diligente es don Diego.
G. Moje el agua, queme el fuego, y haga el mancebo locuras, y mas quando se grangea, hazer que pague quien deue.
I. Si, mas si encima nos llueue?
G. No viua quien tal desea.
Sale don Diego con vn cordel.
D. El cordel teneis aqui.
I. Presto venis.
D. Que quereis? a caso a mal me tendreis, boluer presto, ya que fui: Que ha de hazerse?
G. Atreuesar vna calle.
D. Ya os entiendo, y luego vn fingido estruendo de cuchilladas formar. La justicia oye el ruido, viene corriendo, y a Dios, boca, y narizes.
G. Y vos en la traça aueis caido.
D. Pues a mi cargo la tomo, que de mil que agudos veo tengo increible deseo de ver vn Alguazil romo.
I. Temo, que le hemos de hazer narizes nueuas de plata.
D. A aquel que mas se recata, mas mal suele suceder.
G. En esta calle imagino, que es mas cierta la justicia.
I. No carece de malicia, esse pensar adiuino.
G. Porque?
I. Porque dà a entender, que declara el rostro, y talle trae rondantes a esta calle.
A parte.
D. Con que el sesso he de perder.
G. Dos clauos quiero buscar.
D. Al engañoso artificio, esta puerta no dà el quicio, y esta esquina este pilar?
Atan el cordel atrauesando el vestuario, y dize don Garcia.
A parte.
Gar. Quien pusiera, hermosa Clara, como pongo este cordel, vn muro, porque con el nadie tu calle passàra.
Die. Repartidos nos pongamos, y el que viere a la justicia, a los otros dè noticia, para que el ruido hagamos.
Repartense por el teatro, sale Zamudio corriendo vn tostador, y cae en el teatro, Alonso ganapan corre tras el, y cae, y abraçase con el y don Iuan llega dando de cintaraços a Alonso, el saca la espada, y se retira.
Gar. Yo me quedo en esta puerta, id a aquella esquina vos.
Die. Yo me voy a essotra: a Dios, y todo Christiano alerta.
Za. Esta os deuo.
Yn. Alonso, acude al ladron.
Al. Sossiega, Ynes, que no se me irà por pies.
Die. Rabias?
Za. Tal santo te ayude.
Al. Iesus.
Die. Otro nadador por tierra.
Gar. No caigas, cuero.
Al. Ya no puedo, majadero, pagareisme el tostador, o viue Christo, ladron, que os mate.
Za. Aqui del estudio.
Die. Esta voz es de Zamudio, suelta, aparta, picaron.
Al. Aqui de Dios, que me matan.
Vase.
Die. Sacas la espada, y das vozes? perro, mataréte a cozes.
Vase.
Iu. Las tres furias se desatan quando se enoja don Diego.
Gar. La que viene es la justicia.
Iu. Aqui es Troya.
Chinchilla cae, y luego saca la espada, y entrase tras don Diego.
Ch. Ay tal malicia? del vil oficio reniego, que me he roto vna rodilla, tenganse al señor Teniente.
El Teniente tropieça.
Ten. Iesus.
Dentro.
Di. Picaro, detente.
Te. Echales mano, Chinchilla, Pagarànme esta insolencia.
Ch. Denme las armas.
Di. Corchete apartate, o matarète.
Ch. Resistencia.
Te. Resistencia. Aqui del Rey.
Vase.
Sacan las espadas.
Gar. A ayudar vamos, don Iuan, a don Diego.
Vase.
Iu. De tales burlas reniego.
Vase.
Busca piedras.
Za. Que no aya podido hallar, ya que espada no traia, vna piedra por aqui, que blandura! pese a mi, de ahito? a fè que no es mia.
Vase.
Sale Enrico, viejo graue, con sotana, y ropa de leuantar y bonete, y tinta, y pluma, y papel, Andres su criado, en cuerpo con vn candil, pone vn bufete en medio del teatro, y el candil encima.
An. No es hora ya de dormir? mira que las doze: son.
En. Primero, Andres, la licion de mañana he de escriuir. Dame assiento.
Sientase a escriuir.
An. Hazes agrauio a tu edad, y a tu saber.
En. Siempre queda que aprender, no ay hombre del todo sabio.
An. Quando saldras de pobreza con trabajo semejante?
En. Quando salga de ignorante, que el saber es gran riqueza. No es el fin, Andres amigo, del estudio, enriquezer, fin del estudio es saber, si esso alcanço, lo consigo. El que riquezas procura, con la fortuna las ha, cuyo buen efeto està, no en saber, sino en ventura. Rico, eminente en saber pocas vezes lo veràs, saber pobre quiero mas, que ignorante enriquezer. Si ya en vn valle templado, de verde pasto abundoso, viste el cauallo vicioso, rico en su bestial estado. Tuuistele inuidia? no: trocaràs con el tus bienes? no, que en la razon que tienes el cielo te mejorò. Quando vn mayorazgo vés destos que se vsan agora, y que mas que tiene ignora, no te dà lastima, Andres?
Salen don Diego con la espada desnuda y Zamudio.
Die. Si a caso teneis por donde a la otra calle salgamos los dos, a quien la justicia viene siguiendo los passos, si teneis donde escondernos, sed nuestro asilo y sagrado, ya que por dicha esta puerta a tal hora abierta hallamos. La trauiessa mocedad es autora destos casos, perdonadlos, como cuerdo, y amparadnos como honrado. Don Diego soy de Guzman y Zuñiga, justo amparo dad a vn noble, si lo sois, pero ya siento los passos.
Za. Pongamonos en defensa de la puerta:
Ponese a escriuir Enrico.
En. Sossegaos: don Diego, cobrad aliento, que de libraros me encargo.
Za. Si vn momento os deteneis, tarde querreis ayudarnos.
An. No os aflijais; que si quiere, sabe el viejo hazer milagros.
Cae de lo alto vna nube como manga a raiz del vestuario, coge dentro a don Diego y el se mete en el vestuario y torna a subir la nube.
Za. Que es esto! valgame Dios, que prodigio! el viejo es santo: mas, señor, triste de mi, de Zamudio no hazes caso? Assi te vas y me dexas en poder de tus contrarios? no importa que a mi me prendan: quiebre por lo mas delgado. Viejo santo, santo padre, yo me pongo en vuestras manos.
En. No temas.
Metese debaxo del bufete, la sobremesa besa el suelo: quitan vn escotillon del teatro, y hundese Zamudio, y tornan a poner el escotillon, entra el Teniente y Chinchilla, y gente con hachas encendidas.
Za. Deste bufete me amparo.
An. Estarà debaxo de vn bufete otro bufete.
Za. Bufetes ay muy honrados.
Te. Guarden algunos la puerta, los demas vayan cercando esta calle alrededor, que se iran por los texados. Sois el dueño desta casa?
En. Yo soy, a vuestro mandado.
Te. Y este moço?
En. Es mi siruiente.
Te. Que es de vnos hombres que entraron agora aqui?
En. Hombres aqui? corta es la casa, buscaldos.
Te. No ay mas aposentos?
En. No. En aqueste solo passo con tanta anchura la vida, como el Rey en sus palacios.
Te. Tiene ventana?
En. Ninguna: por la puerta el Sol sus rayos le dà.
Te. Luego no han podido, si es que en esta casa entraron, salir, sino por la puerta?
Ch. Yo los vi entrar no me engaño, y hasta agora no han salido.
En. Mucho estudio, y muchos años me han acortado la vista, de modo, que auran entrado sin verlos yo.
Te. En viuo fuego, de ira, y de enojo me abraso. Quatro desnudas paredes en vn tan pequeño espacio nos los pueden esconder?
Ch. Señor, concluye este caso. Suelo, paredes, y techo de abaxo arriba boluamos.
Te. Metidos en las paredes no han de estar, y si debaxo deste bufete no estan, no ay aqui donde buscarlos. Alçad essa sobremesa con las armas en las manos.
Leuanta la sobremesa, y luego dexala caer, y tornase a poner Zamudio debaxo del bufete.
Ch. Tenganse al señor Teniente: mas no ay aqui nadie.
En. En vano es, por Dios, vuestra porfia. Toda la casa es vn palmo, sin alazena, tabique, boueda, cueba, o sobrado: no ay colgaduras, que puedan encubrir portillos falsos. Derribad, romped, partid, si a persuadiros no valgo, que este testigo que dize, que los vio entrar se ha engañado. Como esta casa haze esquina a essotra calle, doblaron, y la obscuridad disculpa de sus ojos el engaño.
Te. Esta es la verdad, sin duda: por ti se me han escapado, Chinchilla, los delinquentes.
Ch. Por Dios, que parece encanto.
Te. Vamos, que no he de acostarme hasta que los prenda.
Ch. Vamos.
Vase la justicia.
Sale de debaxo del bufete, y don Diego del vestuario.
Za. Que se quema, so Teniente.
Die. Dadme los pies soberanos, restaurador destas vidas.
En. Señor, con vuestro criado aueis de hazer tal excesso?
Sale don Iuan con la espada desnuda.
Iu. Don Diego.
D. Don Iuan hermano, donde estuuistes?
Iu. Seguro de nuestros mismos contrarios, escondido entre ellos mismos, aguardè el fin deste caso, pero vos como escapastes?
Die. Por vn patente milagro del varon que veis, diuino:
Iu. Razon es, que conozcamos a quien tanto con Dios puede.
Die. Dezid quien sois, varon santo.
En. No soy, sino pecador: mas si algun plazer os hago, en dezir quien soy, sabreislo, si ois vn pequeño rato.
En letras, y armas la nacion famosa, Francesa, me dio ser, padres honrados, sino de sangre tuue generosa, que no jacto valor de mis passados: propia virtud es calidad gloriosa, paternas armas, timbres heredados, armas son ciertas de su Autor primero, vana opinion las passa al heredero.
En la niñez las Artes liberales me dieron en Paris honrosa fama, mas en la edad, Autora de los males, que en el rostro el sutil bello derrama: fueron mis trauessuras desiguales, nacidas del amor de cierta dama, causa de mi inquietud hasta obligarme, de Francia, mis delitos a ausentarme,
Fuime de mar en mar, de tierra en tierra, varias costumbres vi, varias naciones, viuiendo ya en la paz, y ya en la guerra, segun el tiempo hallè, y las ocasiones: mas aunque mi locura me destierra, lleuè conmigo mis inclinaciones, que en qualquiera region, qualquiera estado aprender siempre mas, fue mi cuidado.
Al fin topé en Italia vn eminente en las ciencias varon, Merlin llamado, procurè su amistad, y cautamente a la estrecha lleguè de grado en grado: el, que mi inclinacion y intento siente, a mis letras, y ingenio aficionado, conmigo liberal, del alma rica, los mas altos tesoros comunica.
Aprendi la sutil Quiromancia, profeta por las lineas de las manos, la incierta judiciaria Astrologia, emula de secretos soberanos: y con gusto mayor, Nigromancia, la que en virtud de caractéres vanos a la naturaleza el poder quita, y engaña, almenos, quando no la imita.
Con esta a los furiosos quatro vientos puedo imponer los montes cabernoso arrancar de sus vltimos assientos y sossegar los mares procelosos: poner en guerra, y paz los elementos, formar nubes, y rayos espantosos, profundos valles, y encumbrados montes, esconder, y alumbrar los Orizontes.
Con esta se de todas las criaturas mudar en otra forma la apariencia, con esta aqui ocultè vuestras figuras, no obrò la santidad, obrò la ciencia esta os ofrezco, con entrañas puras a qualquier peligrosa contingencia, ageno de interes, que bien me sobra el que saco de hazer la buena obra.
En este, pues, que veis, alvergue chico, donde vine a parar, por la noticia desta Vniuersidad, passo tan rico, quan libre de ambicion, y de codicia: aqui mi ciencia a todos comunico, que no, de lo que sé, tengo auarìcia; esto es, y vale. Enrico, solo queda saber, si ay mas en que seruiros pueda.
Die. O prodigioso varon. consuelo y amparo nuestro, dichoso el caso siniestro, que nos ha dado ocasion de gozar de tal maestro. Mas podeis os acostar, Enrico, que el trasnochar a vuestra edad no conuiene.
En. Vn colchon, y vn xergon tiene mi cama, esso os puedo dar.
Die. Dormid en el, que os harà, pues sin pena estais, prouecho: porque a quien con tanta està como nosotros, serà campo de batalla el lecho.
Iu. Dormid, padre, que interes de los tres guardaros es el sueño mientras durmais, pues que despierto guardais vos las vidas de los tres.
Die. Dormid sin cuidado, o pena, que gente somos segura.
Za. Y de presuncion tan buena, que si a robar se auentura, ha de ser alguna Elena.
En. No tampoco el tiempo ha sido, que en Salamanca he viuido, gran don Diego de Guzman, que no aya a vos, y a don Iuan de Mendoça conocido: Quanto mas que desta casa es segura guarnicion el ser la fortuna escasa, que el pobre sin riesgo passa por delante del ladron, y assi hallastes a horas tales de par en par mis vmbrales: y porque por puntos salgo a la calle a obseruar algo de los cursos celestiales.
Die. Ydos, que es tarde, a acostar.
En. Pesame de no poder a los tres acomodar.
Die. De lo que auemos de hazer nos es forçoso tratar.
En. Desnudame, Andres.
Vase.
An. Patron, hasta la matina.
Vase.
— Juan Ruiz de Alarcón
Moraleja de La cueva de Salamanca
La pícara y desternillante moraleja de esta obra es una defensa total del intelecto humano frente a la ignorancia mística. Ruiz de Alarcón nos enseña, a través de la carcajada y la farsa, que las personas que basan toda su vida en la avaricia, la superficialidad y la credulidad irracional son, de hecho, el objetivo más fácil para ser burlados y destruidos. La reflexión profundamente cautivadora de la obra radica en demostrarnos que la magia más poderosa, oscura y efectiva que existe en la tierra no proviene de los hechiceros ni de los demonios, sino que reside exclusivamente en el ingenio incisivo de una mente humana decidida a triunfar.
La brujería más perfecta y letal del mundo es simplemente la inmensa y terca estupidez de aquel que cree en ella.
Nadie es presa tan fácil de un falso demonio como el hombre que ha forjado su vida engañando a sus semejantes.
El oro compra voluntades, pero el ingenio de un estudiante pobre siempre terminará robándose el oro y a la doncella.
Tanto poder le dimos a las sombras de Salamanca que olvidamos que el verdadero hechicero es quien sabe hilvanar mentiras con cara de santo.
No son los astros ni el infierno los que dictan los destinos del amor, sino la rapidez con la que se mueve una espada y se trama una trampa.
El que por vanidad intenta apropiarse de la juventud ajena, merece sobradamente que las sombras teatrales le arrebaten hasta el último gramo de su falso honor.
Donde falla la valentía del caballero, triunfa siempre, y con creces, el maravilloso y pícaro talento del charlatán ilustrado.
Curiosidades de La cueva de Salamanca
La "Cueva de Salamanca" era una leyenda urbana muy famosa y extendida en toda la España de la Edad Media y del Renacimiento; se creía fervientemente que era un recinto subterráneo secreto donde el mismísimo Diablo se aparecía para dar clases de magia oscura a estudiantes selectos.
Ruiz de Alarcón escribió esta comedia adaptando un breve y divertido entremés que Miguel de Cervantes había publicado años antes sobre el mismo tema (La cueva de Salamanca), pero el dramaturgo novohispano amplió y complejizó maravillosamente la trama dotándola de su clásico moralismo.
A diferencia de Lope de Vega o Tirso de Molina, Ruiz de Alarcón se destacaba por dotar a sus comedias de un profundo carácter ético y reflexivo: en sus obras, los personajes que recurren a la mentira o a la vanidad siempre, sin excepción, son duramente escarmentados y ridiculizados.
Sobre el autor de La cueva de Salamanca
Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (c. 1580-1639) fue un genial y singular dramaturgo novohispano (nacido en lo que hoy es México) que triunfó enormemente en el epicentro del Siglo de Oro de la literatura en España. Debido a un defecto físico de nacimiento (sufría de joroba o cifosis), fue blanco constante de crueles burlas y ataques literarios por parte de sus colegas contemporáneos (incluyendo feroces dardos de Quevedo y Lope de Vega). Sin embargo, su intelecto fue superior, forjando un teatro psicológico, impecable y de altísima exigencia moral que terminó influyendo fuertemente en el teatro clásico francés. Nos legó piezas inmortales como La verdad sospechosa y Las paredes oyen.
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