El club de los suicidas de R. L. Stevenson: La ruleta rusa con la propia muerte

El club de los suicidas es un magistral ciclo de tres relatos entrelazados escritos por Robert Louis Stevenson. Mezclando la novela de aventuras con el más oscuro terror psicológico victoriano, la obra nos sumerge en los sórdidos y elegantes bajos fondos de Europa, donde la aristocracia aburrida juega a los dados con su propia existencia.

Argumento de El club de los suicidas

El protagonista es el extravagante Príncipe Florizel de Bohemia y su fiel escudero, el coronel Geraldine. Aburridos de la monótona vida palaciega y en busca de fuertes emociones, se disfrazan y deambulan por las calles de Londres. Allí conocen a un joven desesperado que los introduce en una espantosa sociedad secreta: "El club de los suicidas". Este oscuro club está formado por hombres arruinados o deprimidos que carecen del valor necesario para quitarse la vida por mano propia. La escalofriante mecánica del grupo consiste en una reunión nocturna donde el misterioso "Presidente" reparte una baraja de naipes: quien saca el as de picas será la víctima de esa noche, y quien saca el as de tréboles será el encargado de asesinarlo.

Al infiltrarse, la emoción inicial del Príncipe Florizel se convierte en absoluto terror cuando saca, por azar, el as de picas, quedando condenado a ser asesinado esa misma noche. Tras salvarse in extremis gracias a la intervención militar de sus guardias, el Príncipe descubre que el club no es un servicio piadoso para almas atormentadas, sino un negocio extremadamente lucrativo orquestado por el Presidente, quien hereda o roba los bienes de las víctimas. Decidido a impartir justicia, Florizel inicia una implacable persecución del villano a través de Europa, cruzando intrigas en París y duelos a espada, hasta arrinconar al perverso mercader de la muerte para cerrar definitivamente su sádico juego.

Lectura:

Este relato pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.

El club de los suicidas

Robert Louis Stevenson

HISTORIA DEL JOVEN DE LAS TARTAS DE CREMA Durante su residencia en Londres, el eminente príncipe Florizel de Bohemia se ganó el afecto de todas las clases sociales por la seducción de sus maneras y por una generosidad bien entendida. Era un hombre notable, por lo que se conocía de él, que no era en verdad sino una pequeña parte de lo que verdaderamente hizo. Aunque de temperamento sosegado en circunstancias normales, y habituado a tomarse la vida con tanta filosofía como un campesino, el príncipe de Bohemia no carecía de afición por maneras de vida más aventuradas y excéntricas que aquella a la que por nacimiento estaba destinado. En ocasiones, cuando estaba de ánimo bajo, cuando no había en los teatros de Londres ninguna comedia divertida o cuando las estaciones del año hacían impracticables los deportes en que vencía a todos sus competidores, mandaba llamar a su confidente y jefe de caballerías, el coronel Geraldine, y le ordenaba prepararse para una excursión nocturna. El jefe de caballerías era un oficial joven, de talante osado y hasta temerario, que recibía la orden con gusto y se apresuraba a prepararse. Una larga práctica y una variada experiencia en la vida le habían dado singular facilidad para disfrazarse; no sólo adaptaba su rostro y sus modales a los de personas de cualquier rango, carácter o país, sino hasta la voz e incluso sus mismos pensamientos, y de este modo desviaba la atención de la persona del príncipe y, a veces, conseguía la admisión de los dos en ambientes y sociedades extrañas. Las autoridades nunca habían tenido conocimiento de estas secretas aventuras; la inalterable audacia del uno y la rápida inventiva y devoción caballeresca del otro los habían salvado de no pocos trances peligrosos, y su confianza creció con el paso del tiempo. Una tarde de marzo, una lluvia de aguanieve los obligó a cobijarse en una taberna donde se comían ostras, en las inmediaciones de Leicester Square. El coronel Geraldine iba ataviado y caracterizado como un periodista en circunstancias apuradas, mientras que el príncipe, como era su costumbre, había transformado su aspecto por medio de unos bigotes falsos y unas gruesas cejas postizas. Estos adminículos le conferían un aire rudo y curtido, que era el mejor disfraz para una persona de su distinción. De este modo preparados, el jefe y su satélite sorbían su brandy con soda en absoluta seguridad. La taberna estaba llena de clientes, tanto hombres como mujeres, y aunque más de uno quiso entablar conversación con nuestros aventureros, ninguno de los que lo intentaron prometía resultar interesante en caso de conocerlo mejor. No había nada más que los normales bajos fondos de Londres y algunos bohemios de costumbre. El príncipe había comenzado a bostezar y empezaba a sentirse aburrido de la excursión, cuando los batientes de la puerta se abrieron con violencia y entró en el bar un hombre joven seguido de dos servidores. Cada uno de los criados transportaba una gran bandeja con tartas de crema debajo de una tapadera, que en seguida apartaron para dejarlas a la vista; entonces el hombre joven dio la vuelta por toda la taberna ofreciendo las tartas a todos los presentes con manifestaciones de exagerada cortesía. Unas veces le aceptaron su oferta entre risas, otras se la rechazaron con firmeza y, algunas, hasta con rudeza. En estos casos el recién llegado se comía siempre él la tarta, entre algún comentario más o menos humorístico. Por último, se aproximó al príncipe Florizel. ...

Moraleja de El club de los suicidas

La brillante moraleja de "El club de los suicidas" nos enseña que fantasear con la rendición ante la vida suele ser un mero capricho de la vanidad o la depresión, porque cuando el ser humano es enfrentado certera y brutalmente a una muerte inminente, su instinto más puro y salvaje siempre exige seguir viviendo. Stevenson nos hace reflexionar que el suicidio rara vez es un acto de valentía intelectual; a menudo, es solo la incapacidad temporal de lidiar con el dolor. Al mismo tiempo, la obra nos advierte que en todos los rincones oscuros del mundo, siempre habrá mercaderes del mal dispuestos a engordar sus propias riquezas explotando cruelmente la cobardía y la tristeza de los demás.

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Frases de El club de los suicidas

  • El que juega a buscar la muerte por aburrimiento, suele encontrar el terror absoluto de querer seguir vivo cuando ya es demasiado tarde.
  • Nuestra sociedad prefiere vestir de seda los vicios más sórdidos antes que enfrentar de frente el dolor inmenso de los hombres rotos.
  • No hay mayor monstruosidad en el mundo que aquel que organiza, regula y tasa monetariamente la profunda desesperación del alma humana.
  • Un simple pedazo de cartón con un as de picas pintado posee el peso suficiente para aplastar todo el orgullo de un príncipe engreído.
  • Las peores prisiones no tienen rejas de hierro, están hechas de deudas, desamores y una espantosa y crónica melancolía existencial.
  • Pagarle a otro para que te libere del dolor es el último escalón, el más ruin y profundo, de la cobardía universal.
  • La justicia de un príncipe debe ser implacable, porque el mal, si no se corta de raíz con acero, termina envenenando todas las ciudades de Europa.

Curiosidades de El club de los suicidas

La obra fue publicada originalmente en 1878 como la primera parte del libro "Las nuevas mil y una noches" (The New Arabian Nights), donde Stevenson utilizó el formato oriental de cuentos encadenados pero ambientándolos en la moderna Inglaterra y Francia de su tiempo.

El personaje del Príncipe Florizel está fuertemente inspirado en los cuentos de aventuras clásicos, donde monarcas de incógnito (como el célebre califa Harún al-Rashid) pasean de noche por las calles pobres de sus reinos para impartir justicia.

A lo largo del siglo XX, esta historia oscura y retorcida sirvió como directa y poderosa influencia para innumerables cómics de superhéroes (como Batman) y obras literarias que mezclan sociedades secretas letales de asesinos con detectives justicieros.

Sobre el autor de El club de los suicidas

Robert Louis Stevenson (1850-1894) fue un eximio novelista, poeta y ensayista escocés, célebre por su inigualable destreza para entrelazar la aventura trepidante, la profundidad psicológica y el suspense oscuro. Pese a sufrir una frágil salud respiratoria, llevó una vida de incesantes viajes exóticos, estableciéndose finalmente en las islas del Pacífico Sur, en Samoa, donde los nativos lo amaban profundamente y lo apodaron Tusitala (el que cuenta historias). Su genial pluma nos ha legado joyas indispensables de la literatura como La isla del tesoro, La flecha negra, La isla de Falesa y el terrorífico y fundacional relato psicológico El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

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