El arte de la guerra de Sun Tzu: La milenaria estrategia para vencer sin luchar
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El arte de la guerra de Sun Tzu no es un simple manual de tácticas militares antiguo; es un colosal tratado filosófico sobre la psicología humana, el liderazgo y la resolución de conflictos. Escrito hace más de dos milenios en la antigua China, sus inmortales enseñanzas han trascendido el campo de batalla para convertirse en una guía indispensable en la política, los negocios y la vida cotidiana.
Argumento de El arte de la guerra
A través de trece breves pero increíblemente densos capítulos, el general Sun Tzu desgrana todos los aspectos fundamentales que componen un conflicto armado, desde la planificación inicial hasta el uso de espías, la adaptación al terreno y la importancia vital de la logística. Sin embargo, el corazón del libro descansa sobre una aparente paradoja pacifista: el maestro afirma rotundamente que la violencia y el derramamiento de sangre son siempre el último y peor recurso. "La suprema excelencia no consiste en ganar cien batallas", declara Sun Tzu, "sino en someter al ejército enemigo sin llegar a luchar".
Para alcanzar este grado supremo de victoria silenciosa, el libro establece que la guerra se basa fundamentalmente en el arte del engaño. Un líder debe parecer débil cuando es fuerte, y fuerte cuando es débil, desorientando constantemente al rival. Pero la regla de oro que atraviesa toda la obra es el absoluto autoconocimiento y el estudio exhaustivo del adversario. Sun Tzu enseña que la victoria no la otorgan los dioses ni la simple superioridad numérica, sino el frío cálculo racional: quien comprende profundamente sus propias fortalezas y las debilidades del enemigo, podrá enfrentar mil batallas sin conocer jamás el amargo sabor de la derrota.
Lectura:
Este tratado pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y educativos.
El arte de la guerra
Sun Tzu
1: Criterios estratégicos
La acción militar es de importancia vital para un país; constituye la base de la vida y de la muerte, el camino de la supervivencia y de la aniquilación; por ello, es absolutamente indispensable examinarla.
La base significa la localización, el lugar en que se produce la batalla: si tomas ventaja, vivirás; si la pierdes, morirás. Por esta razón, se llama a la acción militar la base de la vida y de la muerte. El camino significa la manera de adaptarse a la situación y de asentar la victoria: si lo encuentras, sobrevivirás; si lo pierdes, perecerás.
Por lo tanto, calcula sirviéndote de los cinco elementos, y utiliza estos criterios para comparar y establecer cuál es la situación. Los cinco elementos son: el camino, el clima, el terreno, el liderazgo y la disciplina.
Estos elementos han de valorarse en el cuartel general: en primer lugar, haz una valoración de ti mismo y de tu adversario teniendo en cuenta estos cinco elementos, para decidir quién está en situación de superioridad. Entonces podrás determinar quién tiene más probabilidades de ganar.
El Camino significa inducir al pueblo a que tenga el mismo objetivo que sus dirigentes para que puedan compartir la vida y la muerte sin temor al peligro.
El Camino significa humanidad y justicia. En la Antigüedad, un famoso ministro planteó una cuestión sobre asuntos militares a un filósofo de la política. El filósofo dijo: «La humanidad y la justicia son los medios para gobernar de manera apropiada. Cuando el gobierno se comporta correctamente, la gente se siente cercana y no le preocupa morir por él».
El clima significa las estaciones del año.
En tiempos pasados, muchos soldados perdían sus dedos por congelación en campañas contra los hunos, y otros muchos morían de peste en campañas contra las tribus del sur. Esto ocurría porque se llevaban a cabo dichas operaciones militares en invierno y en verano.
El terreno debe ser valorado en términos de distancia, facilidad o dificultad de desplazamiento, dimensiones y seguridad.
En cualquier operación militar, es importante conocer en primer lugar la configuración del terreno. Cuando se conoce la distancia que hay que recorrer, se puede planificar si es necesario tomar el camino directo o hacer una circunvalación. Cuando se conoce la facilidad o la dificultad del desplazamiento, se puede determinar si es más ventajoso llevar tropas de infantería o de caballería. Cuando se conoce la extensión de la zona, se puede estimar el número de tropas que se necesita: si se necesitan pocas o muchas. Cuando se conoce la seguridad relativa del terreno, se puede entonces escoger si es mejor luchar o dispersarse.
La autoridad es una cuestión de inteligencia, honradez, humanidad, valor y severidad.
La Vía de los antiguos reyes era considerar la humanidad como lo más importante, mientras que los expertos en artes marciales consideraban que la inteligencia era lo fundamental. Y esto porque la inteligencia implica la capacidad de planificar y de saber cuándo hay que hacer cambios de una manera eficaz. La honradez significa que la tropa tenga claridad respecto a las recompensas y a los castigos. Humanidad representa amor y compasión por las personas, teniendo conciencia de sus esfuerzos. El valor significa aprovechar sin vacilar las oportunidades para asegurar la victoria. La severidad es establecer la disciplina entre las tropas mediante castigos estrictos.
Disciplina quiere decir organización, cadena de mando y logística.
Organización quiere decir que las tropas deben estar agrupadas de una determinada manera. La cadena de mando significa que tiene que haber oficiales para mantener a las tropas unidas y estar al mando de ellas. Logística quiere decir vigilar los suministros.
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Cualquier general ha oído hablar de estos cinco elementos. Los que los conocen ganan, y los que los ignoran pierden.
Así pues, utiliza estos criterios para comparar y establecer cuál es la situación. Es decir, ¿qué autoridad política está en posesión del Camino? ¿Qué general tiene las cualidades adecuadas? ¿Quién tiene el mejor clima y el mejor terreno? ¿De quién es la disciplina más eficaz? ¿A quién pertenecen las tropas más numerosas y mejor equipadas? ¿Qué oficiales y soldados están mejor entrenados? ¿De quién es el sistema más claro de recompensas y castigos? Si sabes las respuestas, podrás saber quién será el vencedor.
Los documentos clásicos dicen: «El que me amenaza de buena forma es mi jefe, el que me amenaza de manera cruel es mi enemigo». La cuestión es cómo lo hace un gobierno humano y cómo lo hace un gobierno cruel.
Valora las ventajas de pedir consejo, y después estructura tus fuerzas en consecuencia, para añadir tácticas suplementarias. Las fuerzas han de ser estructuradas de manera estratégica, basándose en lo que es ventajoso.
Una operación militar implica engaño. Aunque seas competente, aparenta ser incompetente. Aunque seas efectivo, muéstrate ineficaz.
Esto significa que si eres realmente competente y eficaz debes mostrarte exteriormente como incompetente e ineficaz, para sorprender al enemigo que había previsto esta argucia.
El engaño tiene como objetivo obtener la victoria sobre el enemigo; estar al mando de un grupo requiere capacidad para suscitar confianza.
Cuando proyectes un ataque en los alrededores, aparenta que te dispones a ir lejos; cuando proyectes atacar un lugar distante, finge que vas a hacerlo muy cerca.
Desanima a los enemigos con la perspectiva de tu victoria, sorpréndelos mediante la confusión.
Cuando los Estados de Wu y Yue estaban en guerra entre sí, Wu sacó de prisión a tres mil criminales para dar una impresión de desorden y tender así una trampa a Yue. Muchos criminales huyeron, otros se rindieron; el ejército de Yue luchó con ellos, para ser en definitiva vencido por el ejército de Wu.
Cuando ellos están satisfechos, prepárate a luchar; cuando son poderosos, evítalos.
Si el gobierno enemigo está satisfecho, y esto quiere decir que existe un amor recíproco entre gobernantes y gobernados, existe confianza en el sistema de premios y castigos, y los soldados están bien entrenados, esto revela que tienes que estar alerta y preparado. No esperes a que haya una confrontación para hacer tus preparativos.
Utiliza la cólera para confundirlos.
Cuando su mando militar está descontrolado, tienes que irritarlo para que se encolerice, y así se volverá impetuoso y olvidará su propia estrategia.
Utiliza la humildad para que se muestren arrogantes. Cánsalos huyendo e introduce la división entre ellos. Atácalos cuando estén desprevenidos y haz tu movimiento cuando no se lo esperen.
Golpea sus puntos flacos, ataca cuando estén descuidados, no permitas al enemigo calcular los preparativos. Por esto se dice que, en las operaciones militares, la ausencia de forma es lo más eficaz. Uno de los mejores jefes militares decía: «El movimiento más eficaz es aquel que no se espera; el mejor de los planes es el que no se conoce».
La formación y los procedimientos utilizados en la estrategia militar no deben ser divulgados previamente.
No divulgar los planes significa que la información no trascienda. El arte de la guerra no tiene una forma constante, lo mismo que el agua no tiene contornos: adáptate al enfrentarte con el enemigo, sin dejarle saber de antemano lo que piensas hacer. Por lo tanto, hay que tener en mente la valoración del enemigo, y ante los ojos la observación de la situación.
El que planifica la victoria en el cuartel general, incluso antes de entablar la batalla, es el que tiene más factores estratégicos de su parte. El que prevé su incapacidad para ganar en el cuartel general antes de empezar la batalla es el que tiene menos factores estratégicos de su parte. El que tiene más factores estratégicos a su favor es el que gana; el que tiene menos factores estratégicos a su favor pierde —y mucho más quien no tiene ningún factor estratégico a su favor—. Considerando el asunto de esta manera, puedo ver quién va a ganar y quién va a perder.
Cuando tu estrategia es profunda y amplia, es mucho lo que llevas ganado mediante tus cálculos, de manera que puedes ganar incluso antes de empezar a luchar. Cuando tu pensamiento estratégico es superficial y de corto alcance, es poco lo que puedes ganar mediante tus cálculos, así que pierdes antes de entablar la batalla. Por esto se dice que los guerreros victoriosos vencen primero y después van a la guerra, mientras que los guerreros vencidos van primero a la guerra y después intentan vencer.
2: En medio de la batalla
Cuando estés en medio de la batalla, incluso aunque estés ganando, continuar mucho tiempo en ella desanimará a tus tropas y embotará tu espada; si estás asediando una ciudadela, agotarás tus fuerzas. Si mantienes a tu ejército durante mucho tiempo en campaña, tus suministros serán insuficientes.
Las armas son instrumentos de mala suerte; emplearlas durante un largo periodo de tiempo producirá calamidades. Como se dice normalmente: «Los que disfrutan luchando y agotando sus fuerzas militares morirán inevitablemente».
Cuando tus tropas están desanimadas, tu espada embotada, agotadas tus fuerzas y tus suministros son escasos, los demás se aprovecharán de tu debilidad para sublevarse. Entonces, aunque tengas consejeros sabios, al final no podrás hacer que las cosas salgan bien.
Por esta causa, he oído hablar de operaciones militares que han sido torpes y repentinas, pero nunca he visto a ningún experto en el arte de la guerra que mantuviese la campaña por mucho tiempo. Nunca es beneficioso para una nación dejar que una operación militar se prolongue por mucho tiempo.
Como se dice comúnmente, sé rápido como el trueno que retumba antes de que hayas podido taparte los oídos, veloz como el relámpago que relumbra antes de haber podido pestañear.
Por lo tanto, los que no son totalmente conscientes de las desventajas de servirse de las armas no pueden ser totalmente conscientes de las ventajas de utilizarlas.
Los que utilizan los medios militares con pericia no hacen leva de tropas dos veces, ni proporcionan alimentos en tres ocasiones.
Esto quiere decir que no se debe llamar al servicio militar más de una vez y que, inmediatamente después de alcanzar la victoria, no se debe regresar al propio país para evitar una segunda leva de tropas. Al principio esto significa proporcionar alimentos para las propias tropas, pero después se quitan los alimentos al enemigo.
Si tomas los suministros de armas de tu propio país, pero quitas los alimentos al enemigo, puedes estar bien abastecido de armamento y de provisiones.
Cuando un país se empobrece a causa de las operaciones militares, se debe al transporte de provisiones desde un lugar distante. Si las transportas desde un lugar distante, el pueblo se empobrecerá.
Los que habitan cerca de donde está el ejército pueden vender sus cosechas a precios elevados, pero se acaba de este modo el bienestar de la mayoría de la población.
Cuando se transportan las provisiones muy lejos, la gente se arruina a causa del gasto. En los mercados cercanos al ejército, los precios de las mercancías se disparan. Por lo tanto, las largas campañas militares constituyen una plaga para el país.
Cuando se agotan los recursos, los impuestos se recaudan bajo presión. Cuando el poder y los recursos se han agotado, se arruina el propio país. Se priva al pueblo llano del 70 por 100 de su presupuesto, mientras que los gastos del gobierno para equipamiento se elevan al 60 por 100 del suyo.
Los habitantes constituyen la base de un país, los alimentos son la felicidad del pueblo. Los gobernantes deben respetar este hecho y ser sobrios.
En consecuencia, un general inteligente lucha por desproveer al enemigo de sus alimentos. Cada kilo de alimentos tomados al enemigo equivale a veinte kilos que te suministras a ti mismo.
Transportar un kilo de alimentos a una gran distancia equivale al gasto de comprar veinte kilos.
Así pues, lo que arrasa al enemigo es la cólera, y la motivación para saquearlo es la esperanza del botín.
Cuando recompensas a tus hombres con el botín obtenido del enemigo los harás luchar por propia iniciativa, y así podrás tomar los bienes del adversario. Por esto es por lo que se dice que donde hay grandes recompensas hay hombres valientes.
Por consiguiente, en una batalla de carros, recompensa primero al que tome al menos diez carros.
Si recompensas a todo el mundo, no habrá suficiente para todos, así pues, ofrece una recompensa a un soldado para animar a todos los demás.
Cambia sus colores de los soldados enemigos hechos prisioneros, utilízalos mezclados con los tuyos. Trata bien a los soldados y préstales atención.
Los soldados prisioneros deben ser bien tratados, para conseguir que luchen para ti.
A esto se llama vencer al adversario e incrementar por añadidura tus propias fuerzas.
Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas.
Así pues, lo importante en una operación militar es la victoria y no la persistencia.
La persistencia no es beneficiosa. Un ejército es como el fuego: si no lo apagas, se consumirá por sí mismo.
Por lo tanto, sabemos que el que está a la cabeza del ejército está a cargo de las vidas de los habitantes y de la seguridad de la nación.
— Sun Tzu
Moraleja de El arte de la guerra
La inagotable moraleja de "El arte de la guerra" nos advierte que la fuerza bruta sin inteligencia es simplemente un ruidoso camino hacia el suicidio. Sun Tzu nos enseña que el orgullo excesivo, la ira impulsiva y el actuar ciegamente guiados por las emociones (como la furia o la venganza) son los enemigos más destructivos que puede albergar cualquier ser humano en su interior. La reflexión cautivadora de este milenario tratado es que la victoria definitiva en la vida, sea en el amor, el trabajo o frente a nuestras propias crisis, no pertenece jamás al que grita más alto o golpea primero, sino al que sabe esperar con inquebrantable paciencia, adaptarse como el agua a las circunstancias y someter los problemas gracias al triunfo absoluto de la sabiduría sobre el ego.
El arte supremo de la guerra consiste, irónicamente, en doblegar al enemigo sin tener que desenvainar jamás la espada.
El que conoce al enemigo y se conoce a sí mismo, no correrá el menor peligro en cien batallas sucesivas.
Aquel que es extremadamente irascible es también increíblemente fácil de engañar y provocar hacia su propia ruina.
Mueve tu ejército y tu mente de forma tan fluida y letal como el agua, que no tiene forma propia pero lo adapta y destruye todo a su paso.
Todo el arte bélico, al igual que los negocios humanos, está edificado casi exclusivamente sobre el arte del engaño.
Finge infertilidad o estupidez absoluta para que el enemigo, confiado en su soberbia, descuide sus defensas ante ti.
Un general sabio se cuida muchísimo de que su ira o su orgullo personal jamás dicten el movimiento de una sola de sus tropas.
Curiosidades de El arte de la guerra
A pesar de la enorme fama e inmensa influencia del texto a nivel mundial, la existencia histórica real del general "Sun Tzu" sigue siendo, a día de hoy, objeto de fuertes debates entre los historiadores chinos; muchos creen que fue un compendio escrito por varios estrategas a lo largo de décadas.
El libro fue traducido al idioma francés por primera vez en 1772 por el misionero jesuita Jean Joseph Marie Amiot, y se rumorea que el mismísimo emperador Napoleón Bonaparte utilizaba sus máximas como guía en sus campañas en Europa.
A finales del siglo XX, las enseñanzas filosóficas de este tratado dieron un gigantesco y sorprendente salto literario desde las academias militares directamente hacia Wall Street, convirtiéndose en el manual de cabecera más vendido para grandes empresarios, directores de multinacionales y líderes corporativos.
Sobre el autor de El arte de la guerra
Sun Tzu (cuya existencia tradicionalmente se data entre los siglos VI y V a.C.) es el título honorífico de "Maestro Sun", el pensador, estratega militar y general más famoso de la antigua China, al que se le atribuye la autoría del tratado inmortal El arte de la guerra. Supuestamente sirvió como alto general bajo el mandato del Rey Helü del estado de Wu. Más allá del mito o la realidad histórica de su persona, su genio radica en haber transformado el brutal combate cuerpo a cuerpo y la simple matanza en una disciplina intelectual profundamente psicológica, basada en el taoísmo, que prioriza el engaño, la paciencia y la preservación del estado por encima de la fuerza bruta.
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