Diario del año de la peste de Daniel Defoe: El horror invisible que vació a Londres

Diario del año de la peste (A Journal of the Plague Year) de Daniel Defoe es una de las obras cumbres de la novela histórica y la literatura de supervivencia. Escrita con un estilo falsamente periodístico y de un asombroso hiperrealismo, la obra nos sumerge directamente en el caos, la paranoia y la desesperación de la Gran Plaga de Londres de 1665, cuando la peste bubónica aniquiló a casi un cuarto de la población de la ciudad.

Argumento de Diario del año de la peste

El relato se presenta como el diario personal de un comerciante londinense, conocido únicamente por sus iniciales "H.F.". Mientras los aristócratas y ricos huyen despavoridos de Londres hacia el campo, dejando tras de sí a los pobres, H.F. toma la audaz y terrible decisión de quedarse en la ciudad para proteger su negocio y atestiguar la tragedia. A través de sus anotaciones, somos testigos del avance implacable del monstruo invisible: la aparición de las primeras fiebres, el siniestro pintado de cruces rojas en las puertas de los infectados con el lema "Señor, ten piedad de nosotros", y el lúgubre e incesante paso de las "carretas de la muerte" recogiendo cuerpos por las noches.

Defoe no se limita a contar los espantosos detalles físicos de la epidemia, sino que explora magistralmente el profundo colapso psicológico de la sociedad. A medida que los muertos se amontonan por miles en inmensas fosas comunes (las famosas plague pits), H.F. narra cómo el miedo saca a relucir lo peor y lo mejor de la humanidad. Desde charlatanes, falsos adivinos y estafadores que venden pócimas mágicas a los moribundos, hasta madres enloquecidas, suicidios y robos crueles en casas abandonadas. Sin embargo, también retrata actos de una compasión heroica inquebrantable, demostrando que en el abismo absoluto del dolor, cuando las leyes humanas desaparecen, la supervivencia de la especie depende únicamente de la piedad que nos tengamos los unos a los otros.

Lectura:

Esta obra pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.

Diario del año de la peste

Daniel Defoe

Fue a principios de septiembre de 1664 cuando me enteré, al mismo tiempo que mis vecinos, de que la peste estaba de vuelta en Holanda. Ya se había mostrado muy violenta allí en 1663, sobre todo en Ámsterdam y Róterdam, adonde había sido traída según unos de Italia, según otros de Levante, entre las mercancías transportadas por la flota turca; otros decían que la habían traído de Candia, y otros que de Chipre. Pero no importaba de dónde había venido; todo el mundo coincidía en que estaba otra vez en Holanda. En aquellos días carecíamos de periódicos impresos para divulgar rumores y noticias de los hechos, o para embellecerlos por obra de la imaginación humana, como hoy se ve hacer. Las informaciones de esa clase se recogían de las cartas de los comerciantes y de otras personas que tenían correspondencia con el extranjero, y sólo circulaban de boca en boca; de modo que no se difundían instantáneamente por toda la nación, como sucede ahora. Sin embargo, parece que el Gobierno estaba bien informado del asunto, y que se habían celebrado varias reuniones para estudiar los medios de evitar la reaparición de la enfermedad; pero todo se mantuvo muy secreto. Fue así que el rumor se desvaneció y la gente empezó a olvidarlo, como se olvida una cosa que nos incumbe muy poco, y cuya falsedad esperamos. Eso hasta fines de noviembre, o principios de diciembre de 1664, cuando dos hombres, franceses, según se dijo, murieron apestados en Long Acre, o más bien en el extremo superior de Drury Lane. Sus familiares trataron de ocultar el hecho tanto como les fue posible, pero el asunto se divulgó en boca de los vecinos, y los secretarios de Estado se enteraron y resolvieron averiguar la verdad: ordenaron a dos médicos y un cirujano visitar la casa e inspeccionarla. Así lo hicieron, y descubriendo en los cadáveres señales evidentes de la enfermedad, hicieron pública su opinión de que esos hombres habían muerto de la peste. A continuación se trasladó el caso al oficial de la parroquia, quien a su vez lo llevó a la Casa del Ayuntamiento; y se lo dio a publicidad en el boletín semanal de mortalidad del modo habitual, es decir: Apestados, 2. Parroquias infectadas, 1. Esto inquietó mucho a la población, y la alarma cundió por la ciudad; más aún cuando en la última semana de diciembre de 1664, otro hombre murió en la misma casa y de la misma enfermedad. Después volvimos a vivir tranquilos casi unas seis semanas durante las cuales, no habiendo muerto persona alguna con síntomas de la enfermedad, se dijo que el mal había desaparecido. Pero tras eso, creo que hacia el 12 de febrero, otro murió en otra casa, aunque en el mismo barrio y de la misma manera. Esto atrajo mucho la atención de la gente hacia ese extremo de la ciudad, y como los registros semanales mostraban un aumento de defunciones superior a lo normal en la parroquia de St. Giles, se empezó a sospechar que la peste estaba entre los habitantes de esa zona, y que muchos habían muerto de ella, aunque se trataba de ocultar el hecho al público. Esta idea se adueñó de las cabezas de la gente, y pocos se atrevían por Drury Lane o por las otras calles sospechosas, a menos que un asunto extraordinario les obligara a hacerlo. El aumento de la mortalidad se registró así: el número habitual de entierros semanales, en las parroquias de St. Giles-in-the-Fields y St. Andrew's, Holborn, variaba entre doce y diecisiete o diecinueve en cada una, poco más o menos; pero desde que la peste apareció por primera vez en St. Giles se observó que el número de entierros crecía en forma considerable. Por ejemplo: ...

Moraleja de Diario del año de la peste

La escalofriante moraleja de esta novela nos arranca cualquier ilusión de seguridad. Defoe nos enseña, a través de la carnicería biológica del siglo XVII, que la civilización y el "orden social" son apenas un barniz extremadamente fino y quebradizo que desaparece en el instante exacto en que la muerte llama a nuestra puerta. La reflexión cautivadora de "Diario del año de la peste" es advertirnos que, cuando el miedo colectivo se apodera de una nación, el verdadero enemigo ya no es la enfermedad, sino nuestro propio egoísmo; y que en medio de la peor de las calamidades, preservar la compasión hacia el dolor de nuestros vecinos es el único salvavidas que nos impide transformarnos en puros monstruos.

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Frases de Diario del año de la peste

  • La muerte no distinguía entre los muros de piedra de la nobleza y la madera podrida de los pobres; el miedo igualaba a todos en el pánico.
  • El mayor triunfo de la plaga no fue vaciar las calles de Londres, sino vaciar nuestros corazones de cualquier rastro de misericordia.
  • Gritaban que Dios nos había abandonado, cuando en realidad fuimos nosotros quienes nos abandonamos los unos a los otros huyendo en la noche.
  • Las grandes cruces rojas pintadas en las puertas no anunciaban casas enfermas, anunciaban auténticas tumbas selladas en vida.
  • No hay sonido en el universo más pavoroso que el seco rechinar de las ruedas de madera gritando en la niebla: "¡Sacad a vuestros muertos!".
  • En la fosa común, el magistrado y el mendigo dormían por fin juntos, obligados a compartir eternamente la igualdad que se negaron mientras respiraban.
  • Las peores bestias no vinieron en barcos mercantes; nacieron en el momento exacto en que dejamos morir a nuestro vecino de hambre por miedo a acercarnos a su puerta.

Curiosidades de Diario del año de la peste

Aunque el libro está escrito como un crudo diario en primera persona como si el autor lo hubiera vivido, Defoe tenía apenas cinco años cuando ocurrió la Gran Plaga de Londres. Se basó exhaustivamente en los diarios de su tío (Henry Foe, de ahí las iniciales H.F.) y en registros y estadísticas reales del gobierno para escribirlo años después (en 1722).

La obra es frecuentemente comparada con su otra gran novela (Robinson Crusoe), pues en el fondo, ambas tratan exactamente sobre el mismo tema: un hombre aislado y rodeado de la inminencia de la muerte que lucha instintivamente por su supervivencia.

Este libro está considerado como la obra pionera y fundamental del subgénero del "falso documento periodístico", un estilo narrativo hiperrealista que utilizarían más tarde autores como Gabriel García Márquez o H.G. Wells para otorgar veracidad a la ficción.

Sobre el autor de Diario del año de la peste

Daniel Defoe (c. 1660-1731) fue un célebre escritor, panfletista, espía político y periodista británico, aclamado universalmente como uno de los verdaderos y absolutos padres de la novela inglesa moderna. Su vida estuvo repleta de altibajos asombrosos: desde codearse con reyes hasta ser expuesto humillantemente en la picota pública por sus ideas radicales y terminar quebrado económicamente. Se le reconoce fundamentalmente por su prodigiosa habilidad para simular la realidad al milímetro en sus obras de ficción, lo que demostró magistralmente en sus monumentales e imperecederos clásicos Robinson Crusoe y Moll Flanders.

Donde el infierno no nos espera bajo tierra, sino en nuestras propias calles

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