Algunas notas sobre algo que no existe de H. P. Lovecraft: Autobiografía y reflexiones

"Algunas notas sobre algo que no existe" (Some Notes on a Nonentity) es un testimonio íntimo y excepcional del hombre que reescribió las reglas del horror cósmico. En este breve ensayo autobiográfico, H. P. Lovecraft se despoja de sus imponentes deidades arcanas para ofrecernos una mirada melancólica y profundamente sincera a su propia existencia, la cual, paradójicamente, él mismo consideraba monótona y carente de importancia.

Argumento de Algunas notas sobre algo que no existe

Escrito en 1933, el ensayo es una crónica autobiográfica en la que Lovecraft resume su vida desde su nacimiento en Providence hasta su presente como escritor. A lo largo del texto, narra con absoluta humildad sus aficiones infantiles, su amor por la astronomía, las ruinas de su herencia familiar, su temprano acercamiento a la literatura y su devoción inquebrantable a lo extraño y fantástico. Lejos de las visiones grandilocuentes que sus lectores podrían esperar del creador de los mitos de Cthulhu, se describe a sí mismo como un anticuario soñador, anclado en tiempos pasados y enfrentado perpetuamente a las vicisitudes económicas y la indiferencia del mercado literario.

A través de sus memorias, Lovecraft reflexiona sobre su propio proceso creativo y la sinceridad de su obra. Defiende con pasión su decisión de no ceder ante las demandas comerciales o los finales felices del relato "pulp" convencional, argumentando que prefiere la pobreza material antes que traicionar la autenticidad de sus oscuras visiones. Es un retrato fascinante de la soledad del genio creativo y de su inquebrantable compromiso con su arte, incluso cuando se creía destinado al olvido total.

Lectura:

Este relato pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.

Algunas notas sobre algo que no existe

H. P. Lovecraft

Para mí, la principal dificultad al escribir una autobiografía es encontrar algo importante que contar. Mi existencia ha sido reservada, poco agitada y nada sobresaliente; y en el mejor de los casos sonaría tristemente monótona y aburrida sobre el papel. Nací en Providence, R.I. —donde he vivido siempre, excepto por dos pequeñas interrupciones— el 20 de agosto de 1890; de vieja estirpe de Rhode Island por parte de mi madre, y de una línea paterna de Devonshire domiciliada en el estado de Nueva York desde 1827. Los intereses que me llevaron a la literatura fantástica aparecieron muy temprano, pues hasta donde puedo recordar claramente me encantaban las ideas e historias extrañas, y los escenarios y objetos antiguos. Nada ha parecido fascinarme tanto como el pensamiento de alguna curiosa interrupción de las prosaicas leyes de la Naturaleza, o alguna intrusión monstruosa en nuestro mundo familiar por parte de cosas desconocidas de los ilimitados abismos exteriores. Cuando tenía tres años o menos escuchaba ávidamente los típicos cuentos de hadas, y los cuentos de los hermanos Grimm están entre las primeras cosas que leí, a la edad de cuatro años. A los cinco me reclamaron Las mil y una noches, y pasé horas jugando a los árabes, llamándome «Abdul Alhazred», lo que algún amable anciano me había sugerido como típico nombre sarraceno. Fue muchos años más tarde, sin embargo, cuando pensé en darle a Abdul un puesto en el siglo VIII y atribuirle el temido e inmencionable Necronomicon! Pero para mí los libros y las leyendas no detentaron el monopolio de la fantasía. En las pintorescas calles y colinas de mi ciudad nativa, donde los tragaluces de las puertas coloniales, los pequeños ventanales y los graciosos campanarios georgianos todavía mantienen vivo el encanto del siglo XVIII, sentía una magia entonces y ahora difícil de explicar. Los atardeceres sobre los tejados extendidos por la ciudad, tal como se ven desde ciertos miradores de la gran colina, me conmovían con un patetismo especial. Antes de darme cuenta, el siglo XVIII me había capturado más completamente que al héroe de Berkeley Square; de manera que pasaba horas en el ático abismado en los grandes libros desterrados de la biblioteca de abajo y absorbiendo inconscientemente el estilo de Pope y del Dr. Johnson como un modo de expresión natural. Esta absorción era doblemente fuerte debido a mi frágil salud, que provocó que mi asistencia a la escuela fuera poco frecuente e irregular. Uno de sus efectos fue hacerme sentir sutilmente fuera de lugar en el período moderno, y pensar por lo tanto en el tiempo como algo místico y portentoso donde todo tipo de maravillas inesperadas podrían ser descubiertas. También la naturaleza tocó intensamente mi sentido de lo fantástico. Mi hogar no estaba lejos de lo que por entonces era el límite del distrito residencial, de manera que estaba tan acostumbrado a los prados ondulantes, a las paredes de piedra, a los olmos gigantes, a las granjas abandonadas y a los espesos bosques de la Nueva Inglaterra rural como al antiguo escenario urbano. Este paisaje melancólico y primitivo me parecía que encerraba algún significado vasto pero desconocido, y ciertas hondonadas selváticas y oscuras cerca del río Seekonk adquirieron una aureola de irrealidad no sin mezcla de un vago horror. Aparecían en mis sueños, especialmente en aquellas pesadillas que contenían las entidades negras, aladas y gomosas que denominé «night-gaunts» [espectros nocturnos o alimañas descarnadas]. Cuando tenía seis años conocí la mitología griega y romana a través de varias publicaciones populares juveniles, y fui profundamente influido por ella. Dejé de ser un árabe y me transformé en romano, adquiriendo de paso una rara sensación de familiaridad y de identificación con la antigua Roma sólo menos poderosa que la sensación correspondiente hacia el siglo XVIII. En un sentido, las dos sensaciones trabajaron juntas; pues cuando busqué los clásicos originales de los cuales se tomaron los cuentos infantiles, los encontré en su mayoría en traducciones de finales del siglo XVII y del XVIII. El estímulo imaginativo fue inmenso, y durante una temporada creí realmente haber vislumbrado faunos y dríadas en ciertas arboledas venerables. Solía construir altares y ofrecer sacrificios a Pan, Diana, Apolo y Minerva. ...

Moraleja de Algunas notas sobre algo que no existe

La reflexión principal de "Algunas notas sobre algo que no existe" radica en la paradoja de la genialidad y la percepción del propio valor personal. Lovecraft, un hombre que se consideraba a sí mismo como un absoluto fracaso y una "no entidad" sin la menor importancia, terminó convirtiéndose en uno de los escritores más influyentes y venerados de la literatura mundial moderna. La obra nos enseña que a menudo somos nuestros jueces más severos y que el verdadero legado de una persona rara vez puede ser medido por los estándares convencionales de éxito o riqueza material durante su vida, sino por la profundidad, la sinceridad y la originalidad del mundo que deja como regalo a las futuras generaciones.

Descargar Pdf Algunas notas sobre algo que no existe



Frases de Algunas notas sobre algo que no existe

  • Para mí, la principal dificultad al escribir una autobiografía es encontrar algo importante que contar.
  • Mi existencia ha sido reservada, poco agitada y nada sobresaliente; y en el mejor de los casos sonaría tristemente monótona y aburrida sobre el papel.
  • La única cosa que puedo decir en favor de mi trabajo es su sinceridad.
  • Rechazo seguir las convenciones mecánicas de la literatura popular o llenar mis cuentos con personajes y situaciones comunes.
  • Insisto en la reproducción de impresiones y sentimientos verdaderos de la mejor manera que pueda lograrlo.
  • El resultado puede ser pobre, pero prefiero seguir aspirando a una expresión literaria seria antes que aceptar los estándares artificiales del romance barato.
  • Nunca escribo si no puedo ser espontáneo: expresando un sentimiento ya existente y que exige cristalización.

Curiosidades de Algunas notas sobre algo que no existe

El título original en inglés de este escrito de 1933 es "Some Notes on a Nonentity", una cruel y autodespectiva alusión que refleja la profunda falta de autoestima y el persistente síndrome del impostor que acompañó a Lovecraft durante su vida.

A pesar de describirse a sí mismo como un absoluto fracaso editorial, este breve ensayo es considerado hoy en día uno de los documentos más valiosos y estudiados para comprender la filosofía literaria y la intrincada psique del padre del horror cósmico moderno.

Sobre el autor de Algunas notas sobre algo que no existe

Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) fue un escritor estadounidense que revolucionó el género de terror con la creación del llamado "terror cósmico". A diferencia del horror gótico clásico, la obra de Lovecraft propone un universo abrumadoramente frío e indiferente donde la humanidad no es más que una especie diminuta y accidental frente a incomprensibles deidades arcanas. Aunque murió en la pobreza sintiéndose un fracaso sin importancia, hoy es venerado como uno de los autores más importantes y profundamente influyentes de la literatura fantástica mundial.

Nunca escribo si no puedo ser espontáneo: expresando un sentimiento ya existente

Si la información del post es incorrecta, por favor, repórtelo:

Nota: No te pierdas los próximos posts siguiendo el blog:


...
Dorian Grey

¡Explorar!
...
El parásito del tren

¡Explorar!
...
Los miserables

¡Explorar!

Comentarios

👇 ¡Deja tu comentario! ✍️