Las medias de los flamencos de Horacio Quiroga: El precio de la vanidad
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"Las medias de los flamencos" es un cuento infantil clásico de la literatura latinoamericana escrito por Horacio Quiroga y perteneciente a su aclamado libro "Cuentos de la selva". Esta fábula nos sumerge en la exuberante selva para relatarnos, con un tono entre humorístico y oscuro, el origen mítico del color de las patas de los flamencos y la enemistad con las víboras.
Argumento de Las medias de los flamencos
La historia relata cómo las víboras organizaron un gran baile en la selva, al que invitaron a todos los animales. Los flamencos, afligidos por considerarse poco agraciados frente a la belleza de los demás invitados, decidieron conseguir unas medias espectaculares de colores rojo, blanco y negro para destacar en la celebración.
Tras buscar inútilmente en los almacenes, acudieron a una lechuza, quien, a modo de burla cruel, les entregó cueros de víboras de coral recién cazadas. Los ingenuos flamencos se pusieron las pieles como medias y acudieron al baile, despertando la envidia de todos. Sin embargo, al cansarse y dejar de bailar, las víboras de coral descubrieron que los flamencos llevaban puestas las pieles de sus hermanas muertas. Furiosas, las víboras atacaron a los flamencos, mordiéndoles las patas e inyectándoles su veneno. Desde aquel día, el dolor insoportable los obliga a vivir en el agua para calmar el ardor, explicando así el color rojizo de sus patas largas.
Lectura:
Este relato pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.
Las medias de los flamencos
Horacio Quiroga
Cierta vez, las víboras organizaron un gran baile en la selva.
Invitaron a las ranas, a los sapos, a los flamencos, a los yacarés y a los pescados. Como los pescados no podían caminar, se quedaron en la orilla del río observando y aplaudiendo con la cola.
Los yacarés, muy elegantes, llevaban collares de bananas en el cuello y fumaban tranquilos. Los sapos se habían adornado con escamas de pescado y caminaban balanceándose como si nadaran. Las ranas, por su parte, se habían perfumado y caminaban en dos patas, llevando cada una una luciérnaga como si fuera un pequeño farol.
Pero las más hermosas eran las víboras. Todas llevaban trajes de colores que combinaban con su piel. Las víboras coloradas vestían tul rojo, las verdes tul verde, las amarillas tul amarillo, y las yararás tenían trajes grises con dibujos.
Las más llamativas eran las víboras de coral, que llevaban largos velos rojos, blancos y negros, y se movían como cintas en el aire mientras bailaban. Todos aplaudían encantados.
Solo los flamencos estaban tristes. En ese tiempo tenían las patas blancas, y no sabían cómo adornarse para el baile. Miraban a los demás con admiración y un poco de envidia.
Uno de ellos tuvo una idea.
—Ya sé lo que haremos —dijo—. Nos pondremos medias rojas, blancas y negras. Así llamaremos la atención de todos.
Entusiasmados, volaron hacia el pueblo en busca de esas medias.
...
—¡Tan, tan! —golpearon en una tienda.
—¿Quién es? —preguntó el dueño.
—Somos los flamencos. ¿Tiene medias rojas, blancas y negras?
—No, no hay —respondió el hombre sorprendido—. Nunca he visto algo así.
Fueron a otra tienda y luego a otra, pero en todas partes les decían lo mismo. Nadie tenía medias de esos colores, y algunos hasta pensaban que los flamencos estaban un poco locos.
Cansados, regresaron al río. Entonces un tatú que pasaba por allí les habló con tono misterioso.
—Buenas noches, flamencos. Sé lo que buscan. Mi cuñada, la lechuza, tiene algo parecido. Vayan a verla.
Los flamencos le agradecieron y volaron hasta la cueva de la lechuza.
—Buenas noches —dijeron—. Venimos a pedir medias rojas, blancas y negras para el baile.
—Con mucho gusto —respondió la lechuza—. Esperen un momento.
La lechuza se fue y regresó con lo que parecía ser unas hermosas medias de colores brillantes.
—Aquí las tienen —dijo—. Pero recuerden algo muy importante: deben bailar toda la noche sin detenerse.
Los flamencos, felices, se pusieron aquellas “medias” sin pensar demasiado y regresaron al baile.
Todos quedaron impresionados al verlos. Las víboras querían bailar con ellos, pero los flamencos no dejaban de moverse ni un instante.
Poco a poco, las víboras comenzaron a sospechar. Se acercaban cada vez más para observar mejor aquellas medias tan extrañas.
Las víboras de coral, curiosas, pidieron luz a las ranas y esperaron el momento adecuado.
De pronto, un flamenco, muy cansado, tropezó y cayó al suelo.
Las víboras se acercaron rápidamente y alumbraron sus patas.
—¡No son medias! —exclamaron—. ¡Son pieles de víboras de coral!
Al darse cuenta del engaño, se enojaron mucho.
Los flamencos, asustados, intentaron huir, pero estaban demasiado cansados. En medio del alboroto, lograron liberarse y corrieron hacia el río.
Se metieron en el agua para aliviar el ardor que sentían en sus patas, que se habían vuelto rojas.
Pasaron muchos días, y el color no desapareció.
Desde entonces, los flamencos permanecen mucho tiempo en el agua, intentando refrescar sus patas.
A veces salen a caminar, pero pronto regresan, porque el calor vuelve a sentirse.
Y así fue como los flamencos, que antes tenían patas blancas, comenzaron a tenerlas rojas.
Los pescados recuerdan esta historia y a veces se ríen, pero los flamencos han aprendido una gran lección.
Y colorín colorado, esta historia de la selva ha terminado.
FIN
— Horacio Quiroga
Moraleja de Las medias de los flamencos
La moraleja de esta historia advierte sobre los peligros de la vanidad excesiva y la superficialidad. Por intentar impresionar a los demás y no aceptar su propia naturaleza, los flamencos terminaron cometiendo un error fatal. La fábula nos enseña que tratar de aparentar lo que no somos puede tener consecuencias trágicas y permanentes.
Los flamencos, como tienen las patas muy largas y delgadas, querían ponerse medias, y no sabían de qué color.
—¡Buenas noches, lechuza! —dijeron—. Venimos a pedirte medias coloradas, blancas y negras.
—¡Con mucho gusto! —respondió la lechuza—. Esperen un segundo, y vuelvo.
Pero no son medias; son cueros de víboras de coral, lindísimos cueros recién quitados a las víboras.
¡No son medias! —gritaron las víboras—. ¡Sabemos lo que es! ¡Ustedes han matado a nuestras hermanas y se han puesto sus cueros de medias!
Sus patas, que antes eran blancas, estaban entonces coloradas por el veneno que tenían adentro.
Curiosidades de Las medias de los flamencos
"Las medias de los flamencos" fue publicado en 1918 como parte de la colección de relatos infantiles "Cuentos de la selva".
Horacio Quiroga escribió estos cuentos para sus propios hijos durante el tiempo que vivieron en la selva misionera de Argentina, mezclando características de fábulas con el entorno salvaje real en el que se encontraban inmersos.
Sobre el autor de Las medias de los flamencos
Horacio Quiroga (1878-1937) fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo, considerado uno de los grandes maestros del cuento latinoamericano. Su vida estuvo marcada por la tragedia y sus obras reflejan una profunda conexión con la naturaleza salvaje y los instintos más crudos del ser humano. Obras como "Cuentos de amor de locura y de muerte" y "Cuentos de la selva" siguen siendo lecturas fundamentales en la literatura hispana. Leer biografía completa.
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