Imitación de Cristo de Tomás de Kempis: El manual definitivo de la vida interior

La "Imitación de Cristo" de Tomás de Kempis es, sin duda, una de las obras más trascendentales de la literatura espiritual universal. Escrita en un lenguaje sencillo pero cargado de una profundidad mística abrumadora, este manual de vida interior ha sido el compañero de viaje de santos, filósofos y buscadores de la verdad durante más de seiscientos años, ofreciendo un bálsamo para el alma en tiempos de tribulación.

Argumento de Imitación de Cristo

El texto se estructura en cuatro libros que trazan un camino ascendente hacia la unión espiritual. Comienza exhortándonos a menospreciar las vanidades externas y a cultivar la humildad como base de toda sabiduría. A medida que avanza, el autor nos guía por la "conversación interior", enseñándonos a encontrar consuelo en la adversidad y a desprendernos del egoísmo. La obra culmina en un diálogo íntimo y conmovedor entre Cristo y el alma, centrado en el misterio de la Eucaristía, donde se nos invita a vivir con la mirada puesta en lo eterno, transformando cada acto cotidiano en una ofrenda de paz y entrega absoluta.

Moraleja de Imitación de Cristo

La gran enseñanza de esta obra es que la verdadera paz no se encuentra en el dominio de los conocimientos exteriores o el éxito mundano, sino en la conquista del propio yo y el silencio del corazón. Kempis nos revela que la plenitud humana surge cuando alineamos nuestra voluntad con un propósito superior, recordándonos que somos lo que somos ante lo divino, y nada más; el resto es solo un eco pasajero que no define nuestra esencia eterna.

Lectura:

Este relato pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.

Imitación de Cristo

Tomás de Kempis

CAPÍTULO I: De la imitación de Cristo y desprecio de todas las vanidades del mundo Quien me sigue no anda en tinieblas, dice el Señor. Estas palabras son de Cristo, con las cuales nos exhorta a que imitemos su vida y costumbres, si queremos ser verdaderamente iluminados y libres de toda ceguedad del corazón. Sea, pues, todo nuestro estudio pensar en la vida de Jesús. La doctrina de Cristo excede a la de todos los Santos; y el que tuviese su espíritu, hallará en ella maná escondido. Más acaece que muchos, aunque a menudo oigan el Evangelio, gustan poco de él, porque no tienen el espíritu de Cristo. El que quisiere, pues, entender con placer y perfección las palabras de Cristo, procure conformar con él toda su vida. ¿Qué te aprovecha disputar altas cosas de la Trinidad, si no eres humilde, y con esto desagradas a la Trinidad? Por cierto las palabras sublimes, no hacen al hombre santo ni justo; más la virtuosa vida le hace amable a Dios. Más deseo sentir la contrición, que saber definirla. Si supieses toda la Biblia a la letra, y las sentencias de todos los filósofos, ¿qué te aprovecharía todo, sin caridad y gracia de Dios? Vanidad de vanidades, y todo es vanidad, sino amar y servir solamente a Dios. La suprema sabiduría consiste en aspirar a ir a los reinos celestiales por el desprecio del mundo. Luego, vanidad es buscar riquezas perecederas y esperar en ellas; también es vanidad desear honras y ensalzarse vanamente. Vanidad es seguir el apetito de la carne y desear aquello por donde después te sea necesario ser castigado gravemente. Vanidad es desear larga vida y no cuidar que sea buena. Vanidad es mirar solamente a esta presente vida y no prever lo venidero. Vanidad es amar lo que tan rápido se pasa y no buscar con solicitud el gozo perdurable. Acuérdate frecuentemente de aquel dicho de la Escritura: Porque no se haría la vista de ver, ni el oído de oír. Procura, pues, desviar tu corazón de lo visible y traspasarlo a lo invisible; porque los que siguen su sensualidad, manchan su conciencia y pierden la gracia de Dios. CAPÍTULO II: Cómo ha de sentir cada uno humildemente de sí mismo Todos los hombres naturalmente desean saber, ¿mas qué aprovecha la ciencia sin el temor de Dios? Por cierto, mejor es el rústico humilde que le sirve, que el soberbio filósofo, que dejando de conocerse, considera el curso de los astros. El que bien se conoce, tiénese por vil y no se deleita en loores humanos. Si yo supiera cuanto hay que saber en el mundo, y no tuviese caridad, ¿qué me aprovecharía delante de Dios, que me juzgará según mis obras? No tengas deseo demasiado de saber, porque en ello se halla gran estorbo y engaño. Los letrados gustan de ser vistos y tenidos por tales. Muchas cosas hay, que saberlas, poco o nada aprovecha al alma; y muy loco es el que en otras cosas entiende, sino en las que tocan a la salvación. Las muchas palabras no hartan el ánima; mas la buena vida le da refrigerio y la pura conciencia causa gran confianza en Dios. Cuanto más y mejor entiendas, tanto más gravemente serás juzgado si no vivieres santamente. Por esto no te envanezcas si posees alguna de las artes o ciencias; sino que debes temer del conocimiento que de ella se te ha dado. Si te parece que sabes mucho y bien, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras. No quieras con presunción saber cosas altas; sino confiesa tu ignorancia. ¿Por qué te quieres tener en más que otro, hallándose muchos más doctos y sabios que tú en la ley? Si quieres saber y aprender algo provechosamente, desea que no te conozcan ni te estimen. El verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo, es altísima y doctísima lección. Gran sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes cosas de otros, y tenerse y reputarse en nada. Si vieres a alguno pecar públicamente, o cometer culpas graves, no te debes juzgar por mejor que él, porque no sabes hasta cuándo podrás perseverar en el bien. Todos somos frágiles, mas a nadie tengas por más frágil que tú. ...

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Frases de Imitación de Cristo

  • No eres más porque te alaben, ni menos porque te critiquen; lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más.
  • El hombre propone, y Dios dispone.
  • Pon los ojos en ti mismo y guárdate de juzgar las obras ajenas.
  • Si te parece que sabes mucho y entiendes mucho, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras.
  • La serenidad no es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella.
  • Si todos los años extirpamos un solo vicio, pronto llegaríamos a ser hombres perfectos.
  • Gran sabiduría es no ser precipitado en las acciones, ni estar muy obstinado en los propios pareceres.

Curiosidades de Imitación de Cristo

Es el libro cristiano más leído y traducido después de la Biblia, con miles de ediciones en casi todos los idiomas del mundo.

Durante siglos hubo un gran misterio sobre su autoría; se atribuyó a diversos pensadores hasta que se confirmó que el autor era Tomás de Kempis.

Figuras históricas como San Ignacio de Loyola y John Newton atribuyeron sus profundas transformaciones espirituales a la lectura constante de este texto.

Sobre el autor de Imitación de Cristo

Tomás de Kempis (c. 1380-1471) fue un canónigo agustino nacido en Kempen, Alemania. Dedicó la mayor parte de su vida a la oración, la copia de manuscritos y la escritura en el monasterio de Santa Inés en los Países Bajos. Fue el máximo representante de la "Devotio Moderna", un movimiento que buscaba una espiritualidad más íntima, sencilla y centrada en la figura de Jesús, alejada de los excesos del escolasticismo de su época.

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