La santa de Karnak de Emilia Pardo Bazán: El misterio de la fe en la mirada infantil

La santa de Karnak

La santa de Karnak de Emilia Pardo Bazán nos sumerge en una atmósfera de mística y realismo a través de los ojos de una niña convaleciente, redescubriendo el mundo rural con una sensibilidad única. Esta historia es un viaje hacia lo profundo del espíritu humano, donde lo cotidiano se viste de sagrado ante la mirada de la inocencia.

Argumento de La santa de Karnak

La obra relata el encuentro de una niña, debilitada por la enfermedad y cuya imaginación vuela libre, con una anciana ciega en un entorno campesino gallego. Lo que para otros es una simple mujer de pueblo, para la protagonista se convierte en una figura profética y mística, dotada de una intuición asombrosa y una forma de rezar el rosario que parece conectar la tierra con lo divino. A través de este vínculo, Pardo Bazán explora cómo la percepción infantil es capaz de captar la dimensión trascendental en las almas más sencillas, transformando la realidad doméstica en un escenario de revelaciones espirituales.

Fascinada por el fuego interno que emana de la anciana al pronunciar sus oraciones, la niña comienza a ver en su ceguera no una carencia, sino una visión superior. Este relato es una defensa de la fantasía infantil ante la crudeza de la vida, mostrando cómo un alma devota puede impresionar profundamente los sentidos de quien aún conserva la capacidad de asombrarse.

Lectura:

Este relato pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.

La santa de Karnak

Emilia Pardo Bazán

De niña —me dijo la anciana señora— era yo muy poquita cosa, muy delicada, delgada, tan paliducha y tan consumida, que daba pena mirarme. Como esas plantas que vegetan ahiladas y raquíticas, faltas de sol o de aire, o de las dos cosas a la vez, me consumía en la húmeda atmósfera de Compostela, sin que sirviese para mejorar mi estado de recetas y potingues de los dos o tres facultativos que visitaban nuestra casa por amistad y costumbre, más que por ejercicio de la profesión. Era uno de ellos, ya ve usted si soy vieja, nada menos que el famosísimo Lazcano, de reputación europea, en opinión de sus conciudadanos los santiagueses; cirujano ilustre, de quien se contaba, entre otras rarezas, que sabía resolver los alumbramientos difíciles con un puntapié en los riñones, que se hizo más célebre todavía que por estas cosas por haber persistido en el uso de la coleta, cuando ya no la gastaba alma viviente. Aquel buen señor me había tomado cierto cariño, como de abuelo; decía que yo era muy lista, y que hasta sería bonita cuando me robusteciese y echase —son sus palabras— «la morriña fuera»; me pronosticaba larga vida y magnífica salud; a los afanosos interrogatorios de mamá respecto a mis males, respondía con un temblorcillo de cabeza y un capirotazo a los polvos de rape detenidos en la chorrera rizada: — No hay que apurarse. La Naturaleza que trabaja, señora. ¡Ay si trabajaba! Trabajaba furiosamente la maldita. Lloreras, pasión de ánimo, ataques de nervios (entonces aún no se llamaban así), jaquecas atarazadoras, y, por último, un desgano tan completo que no podía atravesar bocado, y me quedaba como un hilo, postrada de puro débil, primero resistiéndome a jugar con las niñas de mi edad; luego, a salir; luego, a moverme hasta dentro de casa, y, por último, a levantarme de la cama, donde ya me sujetaba la tenaz calentura. Frisaría yo en los doce años. Mi madre, al cabo, se alarmó seriamente. La cosa iba de veras; tan de veras, que dos médicos —ninguno de ellos era el de coleta—, después de examinarme con atención, arrugaban la frente, fruncían la boca y celebraban misteriosa conferencia, de la cual, lo supe mucho después, salía yo en toda regla desahuciada. Oíanse, en la salita contigua a mi alcoba, el hipo y los sollozos de mamá, la aflicción de mi hermana mayor, y los cuchicheos del servicio, las entradas y salidas de amigos oficiosos, todo lo que entreoye desde la cama un enfermo grave; y a poco resonaban en el cerebro las conocidas pisadas de Lazcano, que medía el paso igual que un recluta, y entraba mandando, en tono gruñón, que se abriesen las ventanas y no estuviese la chiquilla «a oscuras como en un duelo». Habiéndome tomado el pulso, mandaba sacar la lengua, apoyado la palma en la frente para graduar el calor y preguntando a mi enfermera ciertos detalles y síntomas, el viejo sonrió, se encogió de hombros, y dijo, amenazándome con la mano derecha: — Lo que necesita la rapaza es una docena de azotes... y aldea, y leche de vaca..., y se acabó. ...

Moraleja de La santa de Karnak

La moraleja de esta obra reside en la capacidad del ser humano para encontrar la trascendencia en lo más humilde. Nos enseña que la verdadera fe y la intuición espiritual pueden ser más agudas que la vista física, y que la imaginación infantil es un bálsamo que transforma la fragilidad en una fortaleza llena de significado. En última instancia, la reflexión cautivadora es que no necesitamos lo extraordinario para tocar lo divino; basta con una mirada atenta y un alma dispuesta a reconocer la santidad en la sencillez de los demás.

Descargar Pdf La santa de Karnak



Frases de La santa de Karnak

  • Tenía la ciega ese instinto maravilloso que parece desarrollarse en los demás sentidos cuando falta el de la vista.
  • Nunca he oído rezar así, con aquel tono -el de quien ruega que le perdonen la vida.
  • El eco de su voz cuando guiaba el Rosario no se me olvidará mientras viva.
  • La ciega, al pronunciar las oraciones, revelaba un alma y un fuego...
  • Mi fantasía, exacerbada por la enfermedad, encontraba en aquella mujer una figura mística.
  • En medio de la penumbra, su figura se alzaba con una gravedad que impresionaba mis sentidos infantiles.
  • El misterio que envolvía sus actos convertía lo cotidiano en algo trascendental para mis ojos.

Curiosidades de La santa de Karnak

El cuento refleja el profundo interés de Pardo Bazán por las tradiciones religiosas y el ambiente rural de su Galicia natal.

Es considerada una de las obras que mejor capturan la psicología infantil y la percepción subjetiva de la realidad en la literatura realista.

El título alterna a veces con "La santa de Karnar", aunque "Karnak" evoca una sonoridad más exótica y misteriosa.

Sobre el autor de La santa de Karnak

...

Emilia Pardo Bazán (1851-1921) fue una noble y prolífica escritora española, considerada la principal introductora del naturalismo en España. Feminista pionera y académica frustrada por las restricciones de su época, su vasta obra abarca novelas, cuentos, ensayos y crónicas de viajes. Obras como Los pazos de Ulloa la consagraron como una de las voces más poderosas e influyentes de la literatura del siglo XIX.

La santidad de lo humilde

Si la información del post es incorrecta, por favor, repórtelo:

Nota: No te pierdas los próximos posts siguiendo el blog:


...
📖 Clásicos

¡Explorar!
...
🧠 Escritores

¡Explorar!
...
🏛️ Populares

¡Explorar!

Comentarios

👇 ¡Deja tu comentario! ✍️