Furia en silla de ruedas

En este post te relataré uno de mis días en bus.

No sé si llovía con total error o máxima exactitud, sé que llovía mucho y yo no quería ir a trabajar; el frío me gritaba «¡Es injusto, aún tengo sueño!», pero un futuro mañana me exponía algo más razonable «Si no vas y te despiden qué vas a comer después».

Inicio (En algún 24 de octubre)

Apenas estaba amaneciendo y sonó el despertador con toda ímpetu, debía ir al trabajo aunque no quería porque hacía mucho frío, no obstante, todo indica que mientras no sea millonario o no tenga un flujo de ingresos mi tiempo pertenece a otros, me levanté por una única razón:

  • Es más difícil levantarse a buscar trabajo.

La ducha

El agua estaba helada, sentía que me caían granizos y me quemaba en frío. Me bañé por una única razón:

  • Solo 1 de cada 4 africanos consume agua tratada, lo que desemboca en el contagio de enfermedades y una elevada mortalidad infantil.

Excursión hasta la estación 7 de agosto

Siempre antes de abordar el bus para llegar a mi trabajo debo primeramente caminar alrededor de 3 kilómetros. Ese día salí como siempre; llevando un maletín pesado, mas como estaba lloviendo, me llevé además una sombrilla y mi abrigo.

  • ¿Pagué o me colé el pasaje del bus?

Admito que ese día no llevaba dinero.

Trayectoria a mi puesto de trabajo

Abordé el bus en la estación 7 de agosto, todo iba bien hasta la tercera estación de Villacolombia, allí ingresó una señora en silla de ruedas. En las siguientes 2 estaciones al bus ya no le cabía más personas y aun así, en las otras estaciones, gente apresurada por llegar a sus trabajos empujaban para poder ingresar al bus. Por tanto empuje y poco espacio las personas dentro del bus iban incomodas, empezaron a estresarse.

  • Así es todos los días, pero sospecho que en otros lugares es peor.

Ira de una usuaria incomoda

Como ya estoy acostumbrado a los pandemonios, algarabías, ruidos y el descontrol total, la trayectoria a mi puesto de trabajo fue un escenario normal, fue el pan de cada día, sin embargo, la señora en silla de ruedas no lo aceptó, posiblemente no está acostumbrada al sistema, no solo al sistema de transporte, al sistema en general. 

  • Vivimos en un sistema económico inhumano, pero hay que aceptarlo.

A la señora le dio ira, devolvía los empujones e hizo la trayectoria más difícil, la ira siempre tiende a ir por un objeto o persona, y la ira de la señora en silla de ruedas se desencadenó con los más cercanos a ella dentro del bus, yo como estaba bien retiradito me salvé, pero a los otros les fue muy mal. La señora la emprendió contra una joven; la gritó, la trató mal, le deseo que también estuviera en silla de ruedas, no le faltaron palabras para liberar su furia, sentí que la silla de ruedas estaba en llamas.

Algo interesante de lo que dijo, quitando toda la grosería, fue:

  • Tú no me entiendes.

Una condena: silla de ruedas (?)

No me gusta juzgar, yo no soy un juez ni tampoco un conformista, pero me pongo en los zapatos de la señora, pues la ira es una emoción que todo el mundo siente de vez en cuando. Además, estoy seguro que esa señora debe sentir un infierno al no ser comprendida, las personas en el bus vieron a una vieja maleducada y en cierta forma es ello. No obstante, yo, en cambio, vi a un ser humano enojado porque tal vez no recibió suficiente amor, una señora abandonada, la "pobre vieja" en silla de ruedas iba sola en el bus; no tenía acompañante, a esa edad y sola ¡qué triste! También su ropa era "triste", como si en más de 10 años nadie le hubiera comprado una prenda de vestir. 

  • ¿Qué realmente no acepta la señora?, ¿el sistema o la silla de ruedas?

Última estación

La señora bajó del bus en el centro, en la estación Petecuy, algunas personas la ayudaron a bajarse mientras otras la abucheaban y le gritaba «Vieja grosera por eso estás en silla de ruedas», ella respondía «... [improperios]»

Yo me bajé en la siguiente estación para hacer un transbordo, me subí en la ruta del bus T31, allí me encontré y saludé al guarda del centro comercial la estación, una belleza de persona, es un hombre de color que anda en silla de ruedas que todo el mundo quiere por su buena actitud y amabilidad, aquel hombre siempre anda sonriendo y cuando nos vemos generalmente me dice: 

  • ¡Qué tengas buen día rey!, ¡y qué te vaya bonito!

Fin del Post

Dentro del sistema de transporte masivo suceden un montón de cosas, para la próxima te relataré uno de mis regresos a casa en bus; la gente pierde la compostura. Dije que suceden un montón de cosas no, hablando de cosas suben cosas impensables; una vi que subieron un cocodrilo (es broma), je, je.

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