La casa de muñecas de Henrik Ibsen: El portazo que despertó al mundo

La casa de muñecas (o Casa de muñecas), estrenada en 1879 por el dramaturgo noruego Henrik Ibsen, es una pieza colosal que dinamitó por completo las estructuras del teatro clásico. Con un realismo psicológico implacable, Ibsen disecciona las bases de la familia burguesa y el matrimonio, exponiendo cómo las sagradas convenciones sociales pueden convertirse en prisiones asfixiantes para el alma humana.

Argumento de La casa de muñecas

Nora Helmer parece tener la vida perfecta. Es joven, hermosa y está casada con Torvaldo, un próspero y autoritario director de banco que la trata como a una "niña mimada", una mascota graciosa o una "muñeca" sin capacidad de pensar por sí misma. Sin embargo, Nora guarda un oscuro secreto: años atrás, para salvar la vida de su marido gravemente enfermo, falsificó una firma para obtener un préstamo del ruin abogado Krogstad. Ahora, el prestamista amenaza con revelar el delito y destruir la impecable reputación de Torvaldo si Nora no intercede por él en el banco.

Durante los días de Navidad, la tensión escala hasta volverse insoportable. Cuando la verdad finalmente estalla, Torvaldo, lejos de agradecer el inmenso sacrificio por amor que hizo su esposa, la humilla brutalmente, preocupándose única y exclusivamente por su propia reputación social. Esta furibunda e hipócrita reacción provoca un despertar monumental en Nora. En un clímax histórico, comprende que jamás ha sido una persona, sino un juguete que pasó de las manos de su padre a las de su esposo. Tomando la decisión más escandalosa de la literatura de su tiempo, Nora abandona su lujosa casa, a su marido y a sus hijos, cerrando la puerta a sus espaldas para salir a enfrentarse al mundo y aprender a ser, por fin, un ser humano.

Lectura:

Esta obra pertenece al dominio público. Texto publicado con fines culturales y literarios.

La casa de muñecas

Henrik Ibsen

ACTO PRIMERO: Sala acogedora, amueblada con gusto, pero sin lujo. En el fondo, a la derecha, una puerta conduce a la antesala, y a la izquierda, otra al despacho de Helmer. Entre ambas, un piano. En el centro del lateral izquierdo, otra puerta, y más allá, una ventana. Cerca de la ventana, mesa redonda, con un sofá y varias sillas alrededor. En el lateral derecho, junto al foro, otra puerta, y en primer término, una estufa de azulejos, con un par de sillones y una mecedora enfrente. Entre la estufa y la puerta lateral, una mesita. Grabados en las paredes. Repisa con figuritas de porcelana y otros menudos objetos de arte. Una pequeña librería con libros encuadernados primorosamente. Alfombra. La estufa está encendida. Día de invierno. En la antesala suena una campanilla; momentos más tarde, se oye abrir la puerta. Nora entra en la sala tarareando alegremente, vestida de calle y cargada de paquetes, que deja sobre la mesita de la derecha. Por la puerta abierta de la antesala, se ve un mozo con un árbol de Navidad y un cesto, todo lo cual entrega a la doncella que ha abierto. NORA. Esconde bien el árbol, Elena. No deben verlo los niños de ninguna manera hasta esta noche, cuando esté arreglado. Dirigiéndose al mozo, mientras saca el portamonedas. ¿Cuánto es? EL MOZO. Cincuenta ore. NORA. Tenga: una corona. No, no; quédese con la vuelta. El mozo da las gracias y se va. Nora cierra la puerta. Continúa sonriendo mientras se quita el abrigo y el sombrero. Luego saca del bolsillo un cucurucho de almendras y come un par de ellas. Después se acerca cautelosamente a la puerta del despacho de su marido. NORA. Sí, está en casa. Se pone a tararear otra vez según se dirige a la mesita de la derecha. HELMER. Desde su despacho. ¿Es mi alondra la que está gorjeando ahí fuera? NORA. A tiempo que abre unos paquetes. Sí, es ella. HELMER. ¿Es mi ardilla la que está enredando? NORA. ¡Sí! HELMER. ¿Hace mucho que ha llegado mi ardilla? NORA. Ahora mismo. Guarda el cucurucho en el bolsillo y se limpia la boca. NORA. Ven aquí, mira lo que he comprado. HELMER. No me interrumpas por el momento. Al poco rato abre la puerta y se asoma con la pluma en la mano. HELMER. ¿Has dicho comprado? ¿Todo eso? ¿Aún se ha atrevido el pajarito cantor a tirar el dinero? NORA. Torvaldo, este año podemos excedernos un poco. Es la primera Navidad que no tenemos que andar con apuros. HELMER. Sí, sí, aunque tampoco podemos derrochar, ¿sabes? ...

Moraleja de La casa de muñecas

La imperecedera moraleja de "La casa de muñecas" postula que ninguna persona puede alcanzar la verdadera madurez ni la felicidad mientras viva bajo la sombra de la dependencia y el sometimiento hacia los demás. Ibsen nos enseña con brutal franqueza que la comodidad económica y la aparente perfección social de una familia no son suficientes si se construyen sobre la anulación de la identidad individual. La reflexión cautivadora de la obra es que nuestro primer y más sagrado deber moral en la vida no es complacer a nuestros padres, parejas o hijos, sino ser honestos con nosotros mismos; y que para encontrar nuestra propia alma, a menudo es necesario tener el inmenso valor de destruir la "casa de cristal" que nos han construido a medida.

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Frases de La casa de muñecas

  • Me pasaste de las manos de papá a las tuyas, y yo simplemente me acostumbré a tus gustos como una buena muñeca de porcelana.
  • El mayor de mis crímenes fue creer ciegamente que un hombre cobarde sería capaz de sacrificar su reputación por amor.
  • Ya no me basta con que me digan lo que los libros y la iglesia mandan; debo averiguarlo por mí misma enfrentándome al mundo.
  • Creíste amarme, pero en realidad solo estabas enamorado de la idea de ser mi protector y mi amo absoluto.
  • No hay mayor soledad en el mundo que convivir años enteros con un extraño que dice ser tu marido.
  • Cualquier jaula, por más que esté forrada de oro y tapices caros, seguirá siendo una prisión para quien tiene alas.
  • Antes que madre y esposa, soy un ser humano; o al menos, intentaré con todas mis fuerzas convertirme en uno.

Curiosidades de La casa de muñecas

El estreno de esta obra en Copenhague en 1879 causó un inmenso y violento escándalo social en toda Europa, ya que era inaudito e inaceptable que una mujer abandonara voluntariamente a su esposo y a sus hijos por cuestiones de realización personal.

La polémica fue tal que, en países como Alemania e Inglaterra, varias actrices famosas se negaron tajantemente a interpretar el final original. Esto obligó a Ibsen, con profundo asco y resignación, a reescribir un final alternativo (que él mismo llamó un "barbarismo") en el que Nora se arrepiente y se queda.

A pesar de que hoy en día "La casa de muñecas" se considera el pilar de la literatura feminista moderna, Ibsen a menudo rechazaba el término "feminista", alegando que su obra no trataba sobre los derechos de la mujer, sino sobre los "derechos del ser humano".

Sobre el autor de La casa de muñecas

Henrik Ibsen (1828-1906) fue un genio, dramaturgo y poeta noruego, considerado universalmente como el "padre del drama realista moderno" y el autor teatral más representado del mundo después de William Shakespeare. Rompió violentamente con las tradiciones del teatro romántico de su época, bajando los conflictos de los grandes castillos a las salas de estar de la burguesía común. Sus obras se caracterizan por una despiadada crítica social, el desenmascaramiento de la hipocresía y una profunda exploración psicológica de los personajes. Entre sus dramas inmortales destacan Un enemigo del pueblo, Espectros, Peer Gynt y Hedda Gabler.

Donde el golpe de una puerta cerrándose resuena más fuerte que el trueno

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